Sólo con el informe de los interventores, Sánchez debería dimitir


 Carlos Barrabés, el empresario experto en Comercio por Internet y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones que le montó a Begoña Gómez sus másteres en la Universidad Complutense, tuvo muchísima suerte de hacerse amigo de la mujer de Pedro Sánchez. Como empresario, sus inicios se remontan a la tienda de material de montaña que su padre tenía en Benasque, una pequeñísima población oscense situada en el corazón de los Pirineos, muy cercana a la estación de esquí de Cerler en la que a Pedro Sánchez le apasiona practicar el snowboard. Barrabés y su hermano hicieron crecer la pequeña tienda de su padre aprovechando los inicios del comercio electrónico y aplicando posteriormente esta experiencia para convertirse en asesor de otras empresas tecnológicas, llegando a colaborar con multinacionales como Telefónica y el Banco Santander. Hasta que su amistad con el matrimonio Sánchez – Gómez le abrió la puerta a nuevos… digamos, «mercados».

En todos los años anteriores a que Pedro Sánchez alcanzara la presidencia del Gobierno en junio de 2018, las empresas de Barrabés habían conseguido contratos públicos por menos de 100.000 euros acumulando toda su trayectoria. A partir de que Sánchez llegó a la Moncloa ha sido agraciado con casi 23 millones de euros en contratos públicos procedentes de diferentes administraciones dependientes del Gobierno. Begoña Gómez firmó en julio de 2020 una carta de recomendación hacia las empresas de Barrabés que éste utilizó en sus concursos públicos. Antes de esa carta, todos los contratos que le habían sido adjudicados al amigo de Begoña alcanzaban un importe conjunto de algo menos de 900.000 euros. Después de la carta de Begoña, la suma de contratos públicos adjudicados a las empresas de Barrabés supera los 22 millones de euros. Entre julio de 2020 y agosto de 2022, en sólo dos años siguientes a la recomendación de Begoña Gómez, Barrabés logró que le adjudicaran 20 millones de euros en contratos públicos. Nada mal para una pequeña tienda de vacaciones invernales.

La mala noticia para el Clan de Benasque es que en España y pese a Pedro Sánchez, aún quedan funcionarios pertenecientes a la Intervención General del Estado del Ministerio de Hacienda que hacen su trabajo de fiscalización sin someterse nada más que a lo que dicta la ley. Y a esos funcionarios honrados Pedro Sánchez y Begoña Gómez no pueden usarlos a su antojo, como hacen con el fiscal general del Estado, el presidente del Tribunal Constitucional o el presidente del CIS. Dicen los interventores que toda esta barbaridad de contratos públicos que se le dieron a Barrabés tras la carta de recomendación de la mujer de Pedro Sánchez fueron adjudicados con criterios arbitrarios, fruto de una «actuación discriminatoria y contraria al principio de igualdad» para beneficiar a Barrabés amañándole las puntuaciones «injusta e ilegalmente» para, «incumpliendo la ley», darle contratos públicos del Gobierno en detrimento de otros licitadores. ¡Casi nada!

Los interventores han llegado a informar de que en uno de los documentos de valoración figura «una anotación de la que parece deducirse que la valoradora recibió una instrucción de bajar la puntuación a un licitador, sin que figure el motivo». Así como que algunos documentos de valoración fueron aparentemente modificados en fechas recientes y sus metadatos fueron borrados, cometiéndose una enorme lista de irregularidades administrativas de las que siempre resultaba beneficiado el amigo de Pedro Sánchez y Begoña Gómez. Aún faltan meses para que todos estos procedimientos judiciales finalicen con sentencias firmes, pero a día de hoy ya sabemos lo que ha pasado, gracias al trabajo honesto de todos estos interventores, guardias civiles, policías, jueces y prensa libre. Estos informes son las pruebas que necesita la opinión pública para saber lo que ha ocurrido y concluir que Sánchez no puede seguir ni un día más en La Moncloa.


Publicado el 30/09/2025 en OKDIARIO

El moderado discurso del Rey ante la ONU


 

«No somos, Señor, un periódico editorialmente monárquico. Pero sí nos calificamos como un medio pragmático. Monárquicos filosóficamente o intelectualmente, no; pero monárquicos pragmáticamente, sí», le dijo Eduardo Inda a Felipe VI en la audiencia concedida con motivo de nuestro décimo aniversario. A lo que añadió el director de OKDIARIO, «lo que funciona, no se toca. Y sobra decir que la monarquía parlamentaria funciona, vaya si funciona».

Como Liberal, la Monarquía por muy parlamentaria que sea, es un sistema que me chirría. Una monarquía puede ser, y de hecho en la práctica muchas veces es, mucho más democrática que todas esas repúblicas que se comportan exactamente como regímenes totalitarios. Pero que el jefe del Estado tenga carácter hereditario no es el modelo que mejor se ajusta a la soberanía popular que defiendo como liberal, a pesar de que todos los derechos y libertades estén sometidos a la misma Constitución a la que está sujeta esa monarquía parlamentaria.

Pero como Enfurruñada, que es el otro componente fundamental de mi personalidad virtual, tan potente o más que el de liberal, trato de imaginar cómo sería vivir en un país en el que el Jefe del Estado fuera un presidente de la República elegido con los votos de Bildu, de los comunistas y de los golpistas catalanes, como por ejemplo Pedro Sánchez, esposo de la pentaimputada Begoña Gómez y hermano del doblemente imputado David, el de La danza de las chirimoyas; y además tener a una primera ministra ejerciendo como jefe del Gobierno, que podría ser, por ejemplo, María Jesús Montero, con sus dos manos vendadas de tanto ponerlas en el fuego por toda la pandilla de presuntos delincuentes que la rodean. Pragmáticamente hablando, como dice nuestro director, no hay color. Es mucho mejor tener a Felipe VI y Letizia Ortiz representándonos por el mundo, a que les sustituyeran Pedro Sánchez con María Jesús Montero o Yolanda Díaz.

Pero, como se dice en mi tierra, el buen jamón tiene tocino y hueso, porque si es todo magro y no tiene nada de grasa, eso no hay quien se lo coma. Así que una monarquía parlamentaria tan aseada como la nuestra ha de tener, por fuerza, cosas que no nos gusten. Por ejemplo, el discurso que Felipe VI pronunció este miércoles en la Asamblea General de la ONU, en el 80º aniversario de la organización que, como todos los actos del Rey, tuvo que ser refrendado por el Gobierno y, en consecuencia, consensuado con La Moncloa.

Le salió al Rey un discurso muy moderado, que no gustó a nadie. Los progres están muy enfadados porque el Rey no usó la palabra genocidio, llamó terroristas a los terroristas de Hamás, reconoció el derecho de Israel a defenderse, exigió la liberación inmediata de todos los rehenes retenidos por Hamás «con tanta crueldad», y pidió «el reconocimiento universal del Estado de Israel». Mientras que algunos de quienes apoyan incondicionalmente a Israel en esta guerra le reprochan a Felipe VI que les exigiera que «aplique el derecho internacional humanitario» y que «detengan ya esta masacre».

Con tanta furia han reaccionado contra nuestro Rey tanto unos como los otros. Ni los progres entienden que Felipe VI se negara a imitar a Pedro Sánchez calificando como genocidio lo que ni la Corte Penal Internacional, ni la Corte Internacional de Justicia de la ONU han calificado como tal delito; ni muchos amigos de Israel comprenden que nuestra monarquía está sometida a un Parlamento en el que comunistas, proetarras y golpistas secesionistas le han otorgado la mayoría a un Pedro Sánchez que, forzosamente se tiene que sentar a su lado. Como Liberal y Enfurruñada no hay charco que me sea ajeno, así que yo expreso mi más absoluto desacuerdo tanto con los que lo critican desde un extremo como con los que lo hacen desde el otro.

A mí tampoco me gustó el discurso de Felipe VI. Yo hubiera preferido que dijera que los únicos culpables de todas las víctimas civiles son los terroristas de Hamás, que usan a la población como escudos humanos para camuflarse entre ellos mientras los tienen sometidos por el hambre. Pero reconozco que los discursos del Rey están sometidos a la aprobación de una Moncloa que jamás le habría permitido esas palabras, así que expreso mi disgusto también moderadamente, en primer lugar, para no hacer el juego a los progres pero, sobre todo porque, pragmáticamente, prefiero infinitamente el discurso que pronunció Felipe VI a lo que hubieran dicho Pedro Sánchez o Yolanda Díaz si no tuviéramos a este Rey


Publicado el 25/09/2025 en OKDIARIO

Ana Redondo como Irene Montero: es propaganda machista


 

En relación con la polémica noticia sobre las pulseras antimaltrato destapada en exclusiva por OKDIARIO, ha dicho la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que «aquí lo importante es que las mujeres están protegidas, que las pulseras han funcionado, que los dispositivos han funcionado en todo momento y que se está vertiendo por parte de la oposición un bulo y una mentira, confundiéndolo todo para generar dudas sobre el sistema y para generar miedo a las víctimas» a lo que añadió que «afortunadamente el servicio funciona correctamente; en unos meses licitaremos nuevamente este contrato y hemos incorporado una serie de mejoras técnicas, como por ejemplo una plataforma de datos para que esos datos estén en todo momento a disposición». En resumen, que toda la polémica es un bulo de la ultraderecha, que las pulseras siempre han funcionado perfectamente y que por eso van a sacar el sistema de nuevo a concurso intentando corregir todo lo que está fallando. Parece de Podemos, pero no lo es.

Ana Redondo era la mano derecha de Oscar Puente en el ayuntamiento de Valladolid hasta que, hace un par de años, Pedro Sánchez se la llevó para sustituir a la podemita Irene Montero tras reformar su Ley del Sí es Sí. Del mismo modo que para Irene Montero el feminismo era sólo una excusa para dotarse de un enorme presupuesto económico con el que regar a toda su red clientelar y colocar a toda su pandilla de niñatas amigas y llevárselas de fin de semana a Nueva York en Falcon; para Ana Redondo el feminismo es sólo otra herramienta al servicio del sanchismo y toda su maquinaria de corrupción. Tanto para la podemita como para la sanchista el bienestar de las mujeres importa un comino y lo mismo les da que por culpa de sus chapuzas salgan a la calle miles de violadores como que los maltratadores puedan acercarse a agredir a sus víctimas impunemente.

Las palabras de la sustituta Ana Redondo responden exactamente al mismo esquema que las de la sustituida Irene Montero cuando supimos que, por culpa de sus chapuzas en la redacción de la Ley del Sí es Sí, miles de violadores iban a ver reducidas sus condenas. «Salen muchos titulares escandalosos, pero todavía no se conoce una sola reducción de penas; y no se van a conocer: Es propaganda machista», dijo la madre de los hijos de Pablo Iglesias y solo por eso, ministra de Pedro Sánchez, a pesar de que un año y medio antes de aprobar su ley, el Gobierno disponía de un informe elaborado por el ministerio de la Presidencia, en el que se advertía a los de Igualdad y Justicia de que la eliminación de la distinción entre agresión y abuso sexual provocaría que las penas quedaran «sustancialmente reducidas». Y unos meses después de su aprobación la ley tuvo que ser rectificada gracias a los votos del PP y con la oposición de Podemos, cuando ya era inevitable que miles de violadores vieran reducidas sus condenas.

Primero niegan que exista ningún problema por culpa de estas falsas feministas. Segundo atacan a la oposición tachando de bulos y mentiras toda información que sugiera que sus chapuzas hayan perjudicado a las mujeres. Y finalmente, cuando el daño ya está hecho, hacen como que enmiendan el desastre para encima seguir fingiendo ser feministas. Es lo mismo que hicieron con el Covid y luego repitieron con el apagón, pero en versión feminista. En esto, el sanchismo ha imitado a Podemos poniendo el sectarismo egoísta siempre por delante del interés de las víctimas que genera su gestión chapucera. Tanto la actual responsable de la negligente gestión de las pulseras, Ana Redondo, como la anterior responsable del incompetente cambio de proveedor, Irene Montero, siguen el mismo esquema: chapuza, negación, insulto y rectificación. Ambas usan a las mujeres en beneficio de sus partidos machistas, ninguna es feminista de verdad y las dos tratan a sus votantes como a borregos sin cerebro.


Publicado el 23/09/2025 en OKDIARIO