Prioridad nacional


 

En varios de sus artículos, nuestro Código Civil habla del «buen padre de familia», concepto que proviene del derecho romano, donde el pater familias era el jefe de la casa y la persona responsable de la gestión de los bienes de la familia. Un «buen padre de familia» no es un concepto heteropatriarcal, ni mucho menos machista, sino el arquetipo de persona, hombre o mujer, sensata, diligente, ordenada y responsable. Aplicado a la política, Aristóteles dijo que «la prudencia es la única virtud peculiar del que manda». Los ciudadanos no deberíamos consentir que nos gobierne nadie que no actúe exactamente como un buen padre de familia: responsable, sensato, diligente, ordenado y, sobre todo, prudente.

Absolutamente ningún buen padre de familia obligaría a sus hijos a pasar hambre para dar su comida a los hijos de otros. Ninguno sacaría a sus hijos de un colegio para que su sitio lo ocupase otro, ni siquiera llevaría a sus hijos a un colegio más lejano o con peores medios para dejar el colegio bueno a los demás. Ningún buen padre de familia permitiría que sus hijos dejaran de ser atendidos cuando cayeran enfermos e incluso empeorasen o fallecieran, para que el hospital atendiera a otros niños menos graves. En definitiva, un buen padre de familia se preocupará por dar a sus hijos comida, educación y sanidad de calidad antes de dedicar sus esfuerzos y recursos a dárselos a los demás. Y solo cuando todas las necesidades básicas de sus hijos estén bien atendidas, comenzará a ayudar a otros necesitados, en la medida de sus posibilidades reales y empezando por los más cercanos y con mayores méritos. Este es exactamente el comportamiento que se les debe exigir a todos los políticos, sea cual sea su ideología.

En abril de 2026, si alguien en España habla de prioridad nacional, inevitablemente tenemos que pensar en lo más urgente que ahora mismo nos debería ocupar, y eso, sin lugar a dudas, debe ser echar a Pedro Sánchez y a sus socios comunistas, separatistas, golpistas y bilduetarras de todas las instituciones. Ahora mismo, la única prioridad nacional es derogar el sanchismo y enmendar absolutamente todo lo que han hecho durante los años que han gobernado. Hay que irse al BOE y suprimir todas las leyes, decretos y reglamentos aprobados por este Gobierno, cesar a todos los cargos que han nombrado, deshacer todo lo que han hecho. Desinfectar de sanchismo desde el ayuntamiento más pequeño hasta La Moncloa. Y, después de derogarlo absolutamente todo, empezar a construir lo que los autodenominados progres han destruido. Esta es hoy la auténtica prioridad nacional y la razón fundamental que justifica todos los pactos entre PP y Vox habidos y por haber.

Pero no es de esta auténtica prioridad nacional de la que hoy estamos hablando, sino de la que hemos comentado en los dos primeros párrafos de este artículo y de la que San Pablo habla claramente en su primera carta a Timoteo, cuando dice que «si alguien no tiene cuidado de los suyos, principalmente de sus familiares, ha renegado de la fe y es peor que un infiel». Si consientes que tu hijo se quede sin plaza en la guardería pública porque todas están ocupadas por otros venidos de fuera, no eres un buen padre de familia, igual que si haces que pase hambre o permites que tarden seis meses en verlo un especialista porque está atendiendo a los de fuera. Ocuparnos de nuestra familia antes que de los demás es la base del concepto de prioridad nacional incluido en los pactos entre PP y Vox. Pero, si no lo entienden así, a los políticos habrá que forzarlos a comprender en las urnas que los que les pagamos el sueldo no les vamos a consentir que desatiendan nuestras necesidades vitales por su interés egoísta de traer a unos nuevos votantes que nos sustituyan a quienes votamos, como a ellos no les beneficia.


Publicado el 23/04/2026 en OKDIARIO

Begoña Gómez para ‘dummies’ y ‘sociatas’


 

El caso judicial de la hija de Sabiniano, el chulo de putas, se entiende perfectamente cuando se compara el currículum de la mujer de Pedro Sánchez antes y después del 2 de junio de 2018, fecha en la que él fue investido presidente del Gobierno tras la moción de censura pactada con comunistas, independentistas, golpistas, bilduetarras y la abstención de la canaria Ana Oramas, que a veces se nos olvida. Hasta esa fecha, Begoña Gómez no había sido capaz de sacarse ningún título oficial. Con el dinero de la prostitución, su padre le había pagado titulines de academias privadas donde se había cruzado con niños de papá, como ella, pero pertenecientes a familias bien, no como la suya, que hizo fortuna explotando a desgraciadas, y eso le generó algún tipo de complejo o frustración que luego marcó toda su carrera.

Profesionalmente, solo se había ganado el pan trabajando para su padre, llevando la contabilidad de sus clubes y alquilando sus inmuebles. Y había dado clases en una pequeña empresa donde se formaban comerciales de telemarketing y de puerta fría para aseguradoras, compañías eléctricas, ONGs, etc. Empresita de la que era comercial su amiga Cristina Álvarez, a la que luego se llevó como asistenta. Un currículum entre mediocre y penoso que perturbaba a una mujer tan ambiciosa y necesitada de reconocimiento, apariencia y relumbrón como luego se ha demostrado que es Begoña Gómez.

Pero a partir de junio de 2018 la carrera de la chica sin estudios ni experiencia profesional destacable da un giro de 180 grados y se convierte, de repente, en una experta en fundraising sin la que nadie entiende cómo habíamos sobrevivido hasta entonces. De la noche a la mañana la ascienden a directora del África Center del prestigiosísimo Instituto de Empresas, y como eso aún le pareció poco aparente, la hicieron directora de una cátedra en la Universidad Complutense, impartiendo másteres a estudiantes con muchísima más titulación que ella, que es justo lo que necesitaba para sobrellevar sus complejos juveniles.

Como Begoña conocimientos para montar los másteres no tenía ninguno, pidió ayuda a su amigo, el empresario Juan Carlos Barrabés, y a cambio le firmó unas cartas de recomendación. Para que todo el mundo lo entienda, una experta en fundraising se dedica a cobrarle a sus alumnos por enseñarles a captar los fondos públicos que reparte el marido de la experta. Básicamente, este es el primer delito del que le acusa la justicia, tráfico de influencias, por el que la acusación popular le pide seis años de prisión por prevalerse de su condición de esposa de Sánchez para favorecer su carrera profesional, además de por firmar esas recomendaciones que Barrabés usó para lograr adjudicaciones de concursos públicos.

El segundo delito que se le imputa es corrupción en los negocios y por él le piden cuatro años de prisión. Para su cátedra necesitaba pasta, o sea, patrocinadores, y consiguió que empresas públicas y privadas relacionadas con la administración se la financiaran por ser ella quien era y generando expectativas de recompensas mayores, ya que, de lo contrario, a ver si no por qué va a poner nadie dinero si no espera obtener una contraprestación mayor.

El tercer delito imputado por la justicia es malversación de caudales públicos, por el que se le piden ocho años de prisión, y básicamente consiste en haber hecho que La Moncloa le contrate a una asistente para sus negocios privados, pagada con dinero público. Sin ningún proceso selectivo y solo porque era su amiga, Begoña hizo que se contratase a Cristina Álvarez por 50.000 euros al año, y esta se dedicó a hacer de secretaria de su actividad privada.

Por último, Begoña Gómez también está imputada por apropiación indebida, que es como los abogados llaman a robar, delito por el que le piden seis años de cárcel. La mujer de Sánchez usó su influencia para que Google, Telefónica, Indra y la propia Universidad Complutense se fundieran más de 100.000 euros en diseñarle un software, una marca comercial y un dominio web, que luego ella registró a su nombre en vez de hacerlo a nombre de la Complutense, como debería. O sea, para la saca.

Hasta aquí los hechos, esos que ningún sociata ni ninguna Charo forofa de Pedro Sánchez puede atreverse a negar. Ahora un jurado popular deberá estudiarlos para decidir si hay pruebas suficientes para convertir estos hechos en delitos y condenar a Begoña Gómez. En su defensa dicen que su carrera profesional ya era suficientemente meritoria para hacerla catedrática sin ser la mujer del presidente, lo que parece un chiste. Que los patrocinadores de su cátedra y Barrabés no recibieron ninguna contraprestación a cambio, sino que solo les llegó lo que se merecían. Que Cristina Álvarez apenas dedicaba unos minutillos fuera de su jornada laboral para ayudar a su amiga y que el resto del tiempo lo pasaba trabajando duro en beneficio de todos los españoles, que somos los que le pagamos. Y que el software que trincó no le generó beneficios, porque era un churro, muy caro, pero churro.

El jurado decidirá. Si es condenada, recurrirán. Y siempre tendrán ahí a un Conde-Pumpido que lo arregle a las malas. Pero los hechos no los puede cambiar nadie. Hasta los dummies entienden que Begoña Gómez es una acomplejada necesitada de relumbrón que ha conseguido destacar gracias a Pedro Sánchez. A los sociatas habrá que explicárselo un poco más.


Publicado el 21/04/2026 en OKDIARIO

Begoña Gómez se ha condenado sola


 

Desde uno de los despachos del presidente, en La Moncloa, Begoña Gómez decía a sus socios de la España Vacía, cuando participaba en su condición de directora de la cátedra de Transformación Social Competitiva que dirigía en la Universidad Complutense: «Buscamos mucha financiación, y sobre todo, que se generen fondos de inversión, bien impulsados por el Gobierno (de su marido) o bien por empresas privadas (agradecidas a su marido)». Unas semanas después de estas palabras, el Gobierno de Pedro Sánchez dotó con 10.000 millones de euros de fondos europeos su Plan de Recuperación para reactivar el mundo rural frente al reto demográfico.

«Es una edición que nos permite llegar a un mercado latinoamericano que hará posible generar nuevas alianzas. Si quieres ser un profesional o una profesional en fundraising, es el momento. ¡Te esperamos!». Así promocionaba la «catedrática» los cursos por los que pedía 2.800 euros a cambio de enseñar a sus alumnos a «captar fondos públicos», de esos que reparte su marido, en el máster sobre Captación de Fondos – Fundraising que impartía en la Universidad Complutense de Madrid.

Begoña Gómez ha sido la única esposa de un presidente del Gobierno que se ha dedicado a los negocios privados durante su presidencia. La mujer de Adolfo Suárez, Amparo Illana, se dedicó a su familia y a actividades filantrópicas de ayuda a los más necesitados. La de Leopoldo Calvo-Sotelo, María del Pilar Ibáñez-Martín y Mellado, tampoco ejerció ninguna actividad. Carmen Romero, mujer de Felipe González, y Ana Botella, esposa de José María Aznar, se dedicaron a la política, como sus maridos. La mujer de José Luis Rodríguez ZapateroSonsoles Espinosa, dejó de dar clases de música, pero continuó cantando como soprano profesional. Y Elvira Fernández, la mujer de Mariano Rajoy, pidió la excedencia en Telefónica cuando su marido fue investido y, desde entonces, se dedicó a su familia. Por el contrario, la mujer de Pedro Sánchez se ha dedicado, con toda su cara dura, a enseñar a sus clientes a acceder al dinero del presupuesto que reparte su marido.

El magistrado Juan Carlos Peinado García, titular de la Sección de Instrucción número 41 del Juzgado de Instrucción de Madrid, acaba de acordar, en un auto de 11 de abril de 2026, la continuación del procedimiento ante el Tribunal del Jurado contra Begoña Gómez, así como contra su asistente, Cristina Álvarez, y el empresario Juan Carlos Barrabés. La mantiene imputada por los delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios en el sector privado, malversación de caudales públicos y apropiación indebida, abriendo un plazo de cinco días a las partes para presentar escritos de conclusiones provisionales de cara al juicio oral. Y todo el ejército de medios de comunicación pagados con los generosos fondos manejados por el Gobierno de coalición socialista-comunista-independentista-golpista-bilduetarra, así como la cuadrilla de opinadores, comentaristas y difamadores de extrema izquierda sanchista, capitaneados por el ministro de (in)Justicia, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, se han lanzado a degüello contra el juez, del que el ministro dice que «se avergüenza».

Begoña Gómez ha sido tan descarada, tan poco inteligente, tan soberbia, tan necesitada de protagonismo y de relumbrón, que el juez solamente necesita poner los vídeos con sus declaraciones que, a lo largo del tiempo, ha publicado OKDIARIO. Resultan absolutamente condenatorios estos vídeos en los que presume de su capacidad para «generar fondos» y en los que alardea de ser capaz de enseñar a «captar fondos públicos», utilizando el despacho del presidente en La Moncloa y asistida por la directora de Programas de la Secretaría General del departamento de Presidencia del Gobierno, que es el cargo que hizo que pusieran en la tarjeta de visita de su amiga Cristina Álvarez, cuando la contrató como asistenta para sus negocietes privados. Poco más se necesita para condenarla. Con sus múltiples y descaradas declaraciones, Begoña Gómez se ha condenado ella sola. Solo falta que un tribunal decida los años de condena.


Publicado el 16/04/2026 en OKDIARIO