Habitualmente se atribuye al filósofo Bertrand Russell la
frase apócrifa que afirma que «los científicos se esfuerzan por hacer posible
lo imposible y los políticos por hacer lo posible imposible». También se
atribuye erróneamente al humorista Groucho Marx la frase del publicista Ernest
Benn, quien expresó con mayor precisión esa idea al afirmar que «la política es
el arte de buscar problemas, encontrarlos, aunque no existan, hacer un
diagnóstico erróneo y aplicar después los remedios equivocados». En realidad,
esto de no servir para solucionar los problemas es una característica de los
políticos malos, que lamentablemente es común en la mayoría de las personas que
deciden dedicar su vida a la política.
De entre estos, debemos distinguir dos grupos diferenciados.
Están aquellos, tan comunes en la izquierda, pero tampoco extraños a la
derecha, que fuera de la política no han conseguido hacer nada destacable en su
profesión, si es que han llegado a tenerla. Y por otro lado están los que sí
han demostrado su capacidad antes de llegar a la política, pero una vez dentro,
se preocupan más por medrar y cumplir sus ambiciones que por resolver los
problemas de la gente. Estos últimos son más comunes entre la derecha, pero
también en los partidos de izquierdas recordamos una minoría de políticos así.
Los primeros serían los que no pueden resolver ningún problema, porque no
saben, y los segundos son los que no los solucionan porque no les interesa.
María Guardiola tonta no es. No se puede comparar a la líder
de los populares extremeños con una Pilar Alegría que sólo estudió Magisterio,
en su especialidad de Infantil, la cual la preparó para cuidar a niños de hasta
cinco años de edad, pero nunca aprobó una oposición ni llegó a dar clases. Como
tampoco se la puede comparar con una Irene Montero que, antes de convertirse en
la madre de los hijos del líder de Podemos, apenas había trabajado de cajera en
un supermercado. Fuera de la política, María Guardiola primero se diplomó en Empresariales,
luego se licenció en Administración y Dirección de Empresas, tras lograr uno de
los mejores expedientes de su promoción, aprobó las oposiciones del Grupo A1
como funcionaria del Cuerpo de Titulados Superiores. Durante más de una década,
ocupó distintos puestos técnicos internos en la Junta de Extremadura, como Jefa
de varios Servicios y Unidades de Gestión. Dentro de la administración pública,
accedió por sus méritos a cargos de mayor responsabilidad, como Secretaria
General de Economía y Hacienda y Secretaria General de Ciencia y Tecnología. O
sea, que María Guardiola ha demostrado sobradamente que, si quisiera, sabe cómo
se resuelven los problemas.
Pero con la misma rotundidad con que podemos afirmar que la
presidenta del PP de Extremadura está capacitada para resolver problemas,
debemos decir que ha demostrado ya en repetidas ocasiones que, en política, las
mayores dificultades que se le han puesto por delante no ha sido capaz de
solucionarlas. Luego, la única conclusión lógica a la que podemos llegar es que
María Guardiola pertenece a ese segundo grupo de políticos que describimos al
principio, los que no solucionan los problemas de los ciudadanos porque
atienden primero a sus propios intereses, a su carrera política y a su egoísta
interés por medrar.
Existe bastante consenso en que Guardiola fue una de las
principales responsables de que Feijóo no cumpliera las expectativas en las
Elecciones Generales de julio de 2023, por su incapacidad para resolver el
problema con el que se encontró cuando perdió las elecciones de mayo de 2023,
quedando detrás del candidato socialista Guillermo Fernández Vara, que en paz
descanse. María Guardiola se obcecó entonces en insultar a los votantes de un
Vox que era el único partido político que podía evitar que los socialistas
prolongasen sus 36 años en el Gobierno extremeño. Y vemos ahora cómo la
historia se repite y, cuando sus compañeros de partido llegan a acuerdos en
todas las Comunidades donde los votos de PP y Vox unidos pueden impedir que
gobierne la izquierda, ella presume de haberle rogado al PSOE que se abstenga
para que pueda gobernar en minoría y amenaza a los extremeños con obligarles a
volver a las urnas.
Es posible que, de nuevo, la sangre no llegue al río y que,
desde Génova 13, la hagan entrar en razón aceptando parte de lo que le está
pidiendo Vox. Pero el daño ya está hecho. La idea de que no puede uno fiarse de
un PP que, en cualquier momento, va a volver a pactar con el PSOE, ya ha calado
entre los electores.
Dicen que «el hombre es el único animal que tropieza dos
veces en la misma piedra». María Guardiola ya ha demostrado dos veces que,
ante las dificultades, primero hace un diagnóstico erróneo para tratar de
aplicar después los remedios equivocados, o sea, que es una nefasta política,
una trepa y poco más.
Publicado el 13/02/2026


