Sánchez nos distrae de las muertes de Adamuz

 


Como el presidente del Gobierno reconoció ante su Comité Federal, al que dijo que pensaba gobernar «con, o sin concurso del poder legislativo», lo único que hoy le interesa a Pedro Sánchez es seguir aguantando como hasta ahora, aunque sea sin Presupuestos. Incluso a costa de no poder aprobar ninguna ley sin tener que ceder a la vez ante los chantajes de toda la gentuza, de izquierdas y de derechas, que le permitió ser investido en 2023, tras perder las elecciones generales. Y para aguantar, en este momento, le resulta fundamental quitarse de encima los cadáveres de las 46 víctimas mortales del accidente ferroviario de Adamuz, que todo apunta a que murieron por fallos en el mantenimiento de unas vías que, desde hace más de dos años, dependen directamente del ministro Óscar Puente, y antes del encarcelado José Luis Ábalos, su compañero en el Peugeot 407. En ese coche, Sánchez y Ábalos viajaban junto al también encarcelado Koldo y al imputado Santos Cerdán, componiendo todos ellos la llamada «Banda del Peugeot», vinculada a todos los casos de corrupción que afectan a Adif, responsable del mantenimiento de las vías. ¡Menudo marrón!

Pero si algo ha demostrado sobradamente Pedro Sánchez es que es un especialista en supervivencia, y no solo porque le pusiera ese nombre a las memorias que encargó que le escribieran. Sánchez fue capaz de sobreponerse a un partido que le obligó a dimitir la primera vez que quiso pactar con comunistas y proetarras. Ha sobrevivido a la imagen de su esposa y de su hermano sentados en el banquillo de los acusados, imputados por tráfico de influencias, prevaricación y corrupción. E incluso ha podido resistir la información que demuestra que se lucró de los negocios de prostitución de su suegro y las más que fundadas sospechas de que su carrera política se inició impulsada por los audios que se grabaron en dichos lupanares.

El protagonista del Manual de Resistencia no va a dejar ahora que las sospechas de que esas 46 muertes se podrían haber evitado si los ministerios y las empresas públicas que dependen de él no se hubieran dedicado a pagar prostitutas para el uso y disfrute de su mano derecha, a liquidar mordidas a empresas de la trama mafiosa y a enchufar a todo tipo de incapaces con carné del partido socialista en puestos para los que no tienen la más mínima cualificación. Así que, sin despeinarse, ha empezado a meter ruido, tocando la flauta y, como en Hamelín, todos los niños hemos empezado a seguirle el cuento sin percibir el ardid. De repente estamos todos hablando de los millones de inmigrantes ilegales que van a alterar el resultado de las próximas elecciones, votando en masa a la extrema izquierda. Y sin darnos respiro, Sánchez el flautista ha cambiado su cancioncilla y nos ha puesto a todos a alucinar con sus batallas dialécticas contra los dueños de X (antes Twitter) y de Telegram, a los que amenaza con meter en la cárcel si no se someten a sus dictados.

Confieso que yo también me he despistado y, por un momento, he bailado la música que el flautista Sánchez tocaba. Reconozco mi culpa, pago la penitencia y me propongo enmendar enseguida mi error. No. Pedro Sánchez no cuenta con los votos necesarios para que el Parlamento le apruebe ninguna reforma que afecte al uso de las redes sociales ni para menores de 16 años ni para adultos. No. Como el portavoz de la Comisión Europea para estos asuntos, Thomas Regnier, ya le ha advertido, ni aunque tuviera votos para hacerlo, las amenazas penales contra los directivos de dichas compañías son otro cuento chino, porque esa materia solamente se regula desde Bruselas. No. Las regularizaciones que anuncia Sánchez no pueden llevarse a cabo en los plazos que él dice, porque administrativamente es materialmente imposible. No. Los inmigrantes regularizados que consigan la nacionalidad no van a votar en masa a la extrema izquierda, porque ellos, mejor que nadie, saben que son quienes resultan más perjudicados por sus políticas de izquierdas cuando ya sean españoles. Nos ha engañado como si fuéramos niños chicos. Sánchez intenta desviar la atención de lo único que ahora le preocupa: que las familias de los 46 fallecidos en el accidente de Adamuz han empezado a llamarle asesino.


Publicado el 05/02/2026 en OKDIARIO

El Gran Reemplazo era un bulo nazi

 


Si consultas la prensa woke, llegarás a la conclusión de que el «Gran Reemplazo» no es más que un bulo de la ultraderecha. Cuando pasees por los barrios de tu ciudad o veas imágenes de las grandes capitales europeas, te darás cuenta de que las personas que las habitan han cambiado sustancialmente en muy pocos años. Verás que el porcentaje de la población con la que te cruzas que proviene de países árabes, bereberes, subsaharianos, orientales e hispanoamericanos ha crecido notablemente. En algunos medios de comunicación verás noticias respecto al aumento en determinados tipos de delitos cometidos principalmente por extranjeros. Pero te convencerás de que todo eso que ven tus ojos es falso de toda falsedad, porque el «Gran Reemplazo» no es más que una teoría conspiranoica de nazis y fachas.

La mega ultra extrema derecha dice que las poblaciones blancas y cristianas de Europa están siendo reemplazadas deliberadamente por inmigrantes no europeos, sobre todo de África, Oriente Medio o Asia, muchos de ellos musulmanes. Dicen los nazis que hay un plan secreto impulsado por élites políticas globalistas que fomentan la inmigración masiva y el aumento de nacimientos entre estos grupos para destruir la cultura, la identidad y el poder de la población autóctona europea, que en unos años acabará siendo minoría. El término lo popularizó el escritor francés Renaud Camus en 2011 con su libro Le Grand Remplacement, tachado de racista y xenófobo. No puedes hacer caso a lo que tus ojos ven y tus oídos escuchan. Debes confiar en lo que te aseguran todos los expertos wokes y los moderaditos de centro: el Gran Reemplazo no es más que el miedo a perder la identidad europea blanca y judeocristiana por cambios demográficos, que los fachas ven como una amenaza intencionada en lugar de darse cuenta de que se trata de un proceso natural y enriquecedor.

Todo este castillo de naipes se sostenía perfectamente hasta que el pasado 22 de enero, en un mitin de la ultra izquierdista Francia Insumisa, su líder, el extremista Jean-Luc Mélenchon habló de «la capacidad de nuestras listas para encarnar la nueva Francia, la del Gran Reemplazo, la de la generación que reemplaza a la otra porque así ha sido desde la noche de los tiempos y no porque haya diez locos en un rincón que de repente tienen miedo de ser reemplazados». Mélenchon decidió que había llegado el momento de ser claros, quizá porque el fenómeno ha llegado tan lejos y es tan evidente que resulta ridículo seguir negándolo y ya es hora de empezar a justificarlo.

Unos días más tarde, el 31 de enero, en un mitin en Zaragoza, la secretaria de Política de Podemos, Irene Montero, completamente desquiciada, se atrevió a ir un paso más allá y dijo que «quiero pedirles a las personas migrantes y racializadas que por favor no nos dejen solas con tanto facha, y claro que sí queremos que voten, claro que sí, les hemos conseguido papeles, regularización ya, y ahora vamos a por la nacionalidad o a cambiar la ley para que puedan votar, por supuesto, ojalá teoría del reemplazo, ojalá podamos barrer de fachas y de racistas este país con gente migrante, con gente trabajadora, claro que yo quiero que haya reemplazo, reemplazo de fachas, reemplazo de racistas, reemplazo de vividores y que lo podamos hacer con la gente trabajadora de este país, tenga el color de la piel que tenga, sea china, negra o marrona (sic)». Sin pelos en la lengua, Irene Montero confesó que la regularización que le ha sacado Podemos a Pedro Sánchez pretende reemplazar a unos votantes que cada vez les votan menos, por otros nuevos que sí les voten.

Según un estudio reciente de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), con Pedro Sánchez, el número de inmigrantes en situación irregular en España habría aumentado de 107.000 en 2017 a 840.000 a 1 de enero de 2025, y de ellos, el 91 % son de nacionalidad americana. Nuestro Código Civil, en su artículo 22, establece que se concederá la nacionalidad española, y por tanto el derecho al voto, tras 10 años de residencia, que se reducen a 5 para los refugiados y a 2 años «cuando se trate de nacionales de origen de países iberoamericanos», como es el caso del 91 % de los más de 800.000 migrantes que se van a regularizar ahora. Otros 700.000 nuevos votantes que se sumarán a los cerca de 1,4 millones que han sido nacionalizados por Pedro Sánchez desde 2018, con lo que, para las próximas elecciones generales, puede haber más de 2 millones de votantes que hayan sido nacionalizados por Sánchez, lo que supondrá cerca de un 10 % de la participación… y creciendo.

El Gran Reemplazo era un bulo nazi. Nadie intenta acabar con la moral y con la cultura europeas. Nadie trata de sustituir a los votantes de centro y de derechas por unos nuevos que estén agradecidos a los partidos que, desde la extrema izquierda, les dan papeles y paguitas, y les permiten okupar impunemente las casas de los españoles. El Gran Reemplazo era una teoría conspiranoica hasta que, de repente, nos quitan la venda de los ojos y comprobamos que nos han estado engañando durante tantos años, por puro egoísmo y maldad.


Publicado el 03/02/2026 en OKDIARIO

Podemos ya es racista y facha


 

El 23 de septiembre de 2025 el Congreso de los Diputados rechazó con los votos de Podemos, Partido Popular, Vox y UPN, la proposición de Ley Orgánica de delegación en la Comunidad Autónoma de Cataluña de competencias estatales en materia de inmigración, lo que provocó que Junts rompiera relaciones con el PSOE, votando a partir de ese momento en contra de todas sus propuestas. El martes el Consejo de Ministros autorizó la tramitación urgente de un real decreto para llevar a cabo un proceso de regularización extraordinaria de más de 500.000 inmigrantes ilegales, pero dejó que la medalla se la colgara el día antes Irene Montero, quien admitió que «hay algo a cambio» que aún no puede contar porque Sánchez les ha pedido «discreción». Pero al día siguiente se acabó la discreción y dijo que ahora sí su formación está ya abierta a negociar la delegación de competencias en migración a Cataluña.

Los motivos por los que Podemos tumbó esa iniciativa los explicó perfectamente su diputado Javier Sánchez Serna en su intervención en dicho debate: «Los dirigentes de Junts lo han dicho todo, la portavoz Míriam Nogueras ha hablado de descontrol migratorio, Jordi Turull ha justificado esta medida diciendo literalmente que aquí no cabemos todos, Carles Puigdemont ha llegado a afirmar que, si no hay restricciones sobre la inmigración, no se puede asegurar la identidad de Cataluña. ¿De verdad alguien piensa que todo esto va de competencias? Aquí lo que han pactado el Partido Socialista y Junts es una ley para decidir qué administración ejerce el racismo y la presión sobre la población inmigrante. Por eso esta proposición no solamente habla de competencias, plantea cosas como que la Generalitat determine los perfiles de trabajadores extranjeros a contratar, la gestión de los CIES o que la plantilla de los Mossos aumente en un 45 % de aquí a 2032, vinculando de nuevo migración y delincuencia».

Absolutamente todos los dirigentes de Podemos han explicado esto mismo con sus propias palabras. Ione Belarra, su secretaria general, ha dicho que «esta ley solo se entiende en el marco de la competición entre Junts y Aliança Catalana» y la ha calificado de «agenda del odio y del racismo». La eurodiputada Irene Montero ha dicho que «el racismo, aunque se disfrace de autogobierno, racismo se queda». Su secretario de Organización, Pablo Fernández, ha dicho que considera que la proposición es «abiertamente racista y de extrema derecha» y que «normaliza y legitima el racismo institucional». Y hasta su fundador, Pablo Iglesias, respondió a Jordi Turull diciendo que «los que ahora están compitiendo con los fascistas de Aliança Catalana con propuestas abiertamente racistas, nos dicen ahora que no ser pujolista es ser catalanófobo, pues, con todo el cariño y respeto, váyanse un poquito a la mierda».

Ayer Míriam Nogueras dijo en una entrevista en la SER que tanto al PSOE como a Podemos les interesa ahora desbloquear el asunto porque «a todos les conviene: a unos para tapar la crisis de trenes y a los otros para sacar la cabeza», e insistió en que «no se tocará ni un pelo del articulado», por lo que se entiende que solamente están abiertos a cambiar su Exposición de Motivos.

Pero, como claramente se puede comprobar en todas sus declaraciones, el rechazo de Podemos a este traspaso de competencias no está relacionado con lo que se dice en su Exposición de Motivos, como ahora quieren hacer creer. En realidad, la Exposición de Motivos de la ley tumbada el otoño pasado solo hacía una ligerísima e indirecta mención a que la inmigración descontrolada podría llegar a suponer un «riesgo para la convivencia y la cohesión social», pero nada más. Podemos estuvo en contra de ella y dijo que es «abiertamente racista y de extrema derecha» basándose en las declaraciones de todos los representantes de Junts, que a día de hoy siguen diciendo exactamente lo mismo que entonces, porque en su articulado se regulan cuestiones que afectan a la lengua y a la cultura catalanas, a los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIES) y a la plantilla de los Mossos d’Esquadra, y, sobre todo, porque piensan que esta medida solo se entiende dentro de la competencia entre Junts y «los fascistas de Aliança Catalana».

En 2012, Pablo Iglesias ya explicó que «la política, en última instancia, es acumular poder… hacer política supone cabalgar contradicciones». Con los votos de Podemos se va a aprobar una ley que, para ellos, es «racista y de extrema derecha», con el objetivo de que el partido morado concurra a las próximas elecciones presumiendo de que, solo gracias a ellos, se han regularizado medio millón de inmigrantes ilegales y eso les permita acumular más poder en su competencia contra Yolanda Díaz y Pedro Sánchez por los votos de extrema izquierda. Cabalgando contradicciones, Podemos se ha hecho racista de extrema derecha por pura demagogia electoralista.


Publicado el 29/01/2026 en OKDIARIO