Noelia Castillo y el fracaso del Estado


 

No quiero escribir este artículo. Las palabras solamente salen desgarrándome por dentro y plasmarlas me fuerza a soportar el dolor de reflexionar sobre algo que me resulta tan negro como la noche más oscura. Fracaso, frustración, descalabro, tristeza, vergüenza… compasión y llanto. No quiero seguir, pero tengo que hacerlo, aunque duela. Para mí es media mañana del día en que el Estado ha decidido que va a ser el último en la vida de Noelia Castillo. A la hora en que OKDIARIO suba este artículo a su portada y el primero de vosotros me honre dedicando unos preciosos minutos de su tiempo a leer mis reflexiones, ya se sabrá qué ha pasado. Yo, aun a esta hora, debería estar escribiendo con la esperanza de que algún responsable decida en el último momento otorgarle una oportunidad a esa alma destrozada. Pero mentiría si dejara aparecer aquí el menor atisbo de una esperanza que no siento. El Estado es implacable.

Me merecen un respeto máximo todas las decisiones que se sustentan en la libertad individual de las personas. Con mucho dolor, reconozco que poner fin a la vida propia entra dentro de los derechos que nadie debería poder limitar. Llegando casi hasta romperme, soy capaz de admitir que alguien muy cercano a la persona que sufre, y siempre desde el amor y habiendo intentado antes todo lo posible y la mayor parte de lo imposible, pueda asistir y ayudar a que otra persona acabe con su vida, cuando ella no puede hacerlo sola. Pero nunca, jamás, en ningún caso, con ninguna excusa y en ninguna circunstancia, admitiré que sea el Estado quien intervenga en tan desastroso final. La eutanasia es justo lo contrario a la libertad individual. La eutanasia es socialismo puro y duro, es el Estado robando libertades. Es el mal.

Noelia Castillo es mi fracaso y el tuyo también. Es toda la sociedad fallando de la manera más trágica y hasta las últimas consecuencias. Noelia es el resultado de unos padres que, limitados como todos los seres humanos, no supieron protegerla cuando ella más los necesitaba. Noelia es lo que ocurre cuando las Administraciones Públicas se dedican a enchufar a las amantes de los ministros para que cobren sin trabajar, cuando los responsables están más ocupados en cobrar comisiones y en trincar sobres de dinero sucio. Cuando los políticos son corruptos, los trenes descarrilan, los puentes se caen, los apagones dejan a todo el país a oscuras y las pobres niñas enfermas, que necesitan la ayuda que sus padres no son capaces de darles, se encuentran solas al borde del edificio desde el que quieren saltar para poner fin a tanto sufrimiento y tanto dolor inmerecido.

Rezo a Dios para que Noelia encuentre la paz en este mundo antes de irse al otro cuando aún no le toca. Para que un halo de luz toque su alma antes del último minuto. Tengo fe porque sé que a veces ocurren milagros y solo por eso sigo escribiendo con los ojos tan húmedos que me cuesta ver el monitor. Pero no confío en absoluto en ese Estado intervencionista, ladrón y socialista que ha decidido que hoy jueves, a las seis en punto de la tarde, se va a quitar de encima un problema que demuestra de la manera más evidente que no sirve para nada, que no es capaz de proteger ni a los más débiles y que ni siquiera tiene el menor interés en hacerlo. Le pido perdón a Noelia Castillo porque formo parte de todos los que le hemos fallado y le prometo que me esforzaré por hacer todo lo que humanamente esté en mi mano para derogar esa miserable e inhumana ley de la eutanasia que Pedro Sánchez y los suyos aprobaron en marzo de 2021, para su eterna vergüenza. El Estado, que debería proteger la vida, se ha corrompido tanto que ya solo provoca la muerte de los más débiles.


Publicado el 26/03/2026 en OKDIARIO

Sánchez se cisca en las víctimas de ETA


 

Otegui, escrito con «u», como hicieron los jueces que lo condenaron por etarra, tiene un vídeo grabado en octubre de 2021 en el que le dice a los militantes de su formación que está dispuesto a hacer lo que sea para lograr que salgan de la cárcel los 200 presos etarras que entonces había en prisión. «Tenemos a 200 presos en la cárcel y, si para sacarlos hay que votar a favor de los Presupuestos, pues votamos. Así de alto y de claro os lo digo», aseguró el bilduetarra ante los que son como él. Por esa fecha se cumplían dos años de Gobierno de coalición entre el PSOE y Podemos, investidura que no habría salido adelante sin la abstención de Bildu. A partir de entonces, Bildu votó a favor de los únicos tres presupuestos que Pedro Sánchez ha conseguido aprobar en las siete legislaturas que lleva gobernando.

A cambio, Pedro Sánchez transfirió al País Vasco la gestión de las tres cárceles de la comunidad autónoma, a la vez que trasladaba a cárceles del País Vasco y de Navarra a la totalidad de presos que hasta entonces habían estado dispersos por España. Una vez con los presos en cárceles bajo su jurisdicción, se abrieron las puertas para que, poco a poco, todos salieran. Hace un año, en abril de 2025, la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) publicó un informe sobre la situación de los presos de ETA en las prisiones españolas en el que se llegaba a la conclusión de que 87 de los 133 etarras que quedaban entonces en prisión lo hacían ya desde sus casas o entrando y saliendo cada día. Hace un mes, OKDIARIO publicó que estos beneficios penitenciarios alcanzaban ya a 112 de los 119 que continúan en la cárcel. Hoy son ya 114 y solamente quedan 5.

Cuando hizo esas declaraciones en octubre de 2021, Otegui también dijo que lo que ellos querían era que se cumplieran los dos años que le quedaban a aquella legislatura y, a continuación, Pedro Sánchez lograra revalidar otra legislatura más de cuatro años, porque ellos necesitaban esos seis años para «solucionar el tema de los presos». «Tal vez en esos seis años lo logremos», aseguró el líder de los bilduetarras. Así, el 16 de noviembre de 2023, tras perder las elecciones de julio, Sánchez sacó adelante su investidura solamente gracias a los seis votos de Bildu, que no entró en el Gobierno de coalición entre el PSOE y Sumar, pero gobierna en la sombra con ellos. Otegui se ha convertido en el vicepresidente oculto de Pedro Sánchez, consiguiendo con ello que, de los seis años que dijo que necesitaba para sacar a todos los etarras de la cárcel, le vaya a sobrar uno y consiga hacerlo en cinco.

Hoy ha salido de la cárcel la sanguinaria asesina María Soledad Iparraguirre Guenechea, alias Anboto, que es la número 114 de 119 en salir. Anboto se ha pasado toda la vida matando con sus propias manos y ordenando a otros que lo hagan por ella. Demostrados por la justicia, tiene 14 homicidios, se le investiga por otros 10 más y la lista de los muertos que no se sabe que carga a su espalda debe de ser interminable. Nació en un caserío situado en pleno monte, donde sus padres escondían etarras y servía de almacén de explosivos. Hija del etarra Santiago Iparraguirre, con 20 años huyó a Francia, con 24 se integró en el comando Araba y, más tarde, en el comando Madrid. Fue jefa de los comandos legales de ETA desde 1992 a 1998. Con menos de 25 años ya asesinaba con sus propias manos al cartero Estanislao Galíndez y ponía un coche bomba junto a las taquillas del estadio de Mendizorroza, en Vitoria (Álava).

Y, a partir de entonces, se pasó 20 años pegando tiros y poniendo bombas hasta que, en 2004, la detuvieron en Francia. De los más de 700 años a que ha sido condenada por sus crímenes, apenas ha pasado quince años en las cárceles francesas y cinco en las españolas, desde que en 2020 la extraditaran. La Audiencia Nacional la investiga porque la cree responsable de las muertes de Miguel Ángel Blanco, Gregorio Ordóñez y hasta un total de diez asesinatos más. Veinte años matando apenas pagados con veinte años en prisión. Los catorce asesinatos comprobados, diez investigados y ni se sabe cuántos cometidos, más baratos de la historia. El mes que viene, María Soledad Iparraguirre cumplirá 65 años, con lo que le quedan otros veinte más para llegar a la esperanza media de vida de las mujeres en España y los va a pasar en libertad. Sánchez se cisca en las víctimas de ETA y, para mantenerse en La Moncloa, se ha manchado las manos con la sangre de las víctimas de ETA.


Publicado el 24/03/2026 en OKDIARIO

PP y VOX, obligados a entenderse


B. C. Forbes, fundador de la revista Forbes, decía: «Todo negocio que no es rentable para la otra parte acabará por no serlo para ti. Únicamente un negocio que conduce a la satisfacción mutua puede ser mantenido». Cualquiera que tenga una mínima experiencia en negociaciones sabe que los mejores acuerdos son aquellos en los que ambas partes terminan pensando que son quienes han salido ganando, porque sólo en ese tipo de tratos se producen pactos sostenibles a largo plazo, maximizando los beneficios para todas las partes. Comenzamos cualquier tipo de negociación con una idea de lo que esperamos conseguir y la terminamos con un trato que no suele coincidir completamente con nuestras expectativas iniciales, pero que siempre será infinitamente mejor que no llegar a ningún acuerdo.

Por tanto, el primer punto en el que tienen que ponerse inmediatamente de acuerdo los dirigentes del Partido Popular y de Vox, que se están encargando de negociar en Extremadura, Aragón y Castilla y León, es que dichas conversaciones van a finalizar forzosamente con un acuerdo que evite una repetición electoral y garantice que en esas comunidades habrá un gobierno de centro derecha, que es la voluntad expresada mayoritariamente en las urnas por sus ciudadanos. Sentada esa base fundamental, resultará muchísimo más sencillo progresar en otros acuerdos que, obligatoriamente, deben concretarse en un programa de gobierno, unas partidas presupuestarias y, siempre después de tener eso decidido, los nombres de las personas que asumirán las máximas responsabilidades.

Menos mal que parecen haber abierto ya los ojos aquellos nefastos analistas que, tanto entre la prensa como entre los responsables del PP, llegaron a la conclusión, tras las elecciones generales de 2023, de que, para ganarle a Sánchez, forzosamente tenía que desaparecer Vox, porque eso es algo que no está en sus manos, sino únicamente en las de unos votantes que no son los suyos y a los que ese tipo de mensajes solo les reafirma en sus convicciones. El bipartidismo terminó tras la mayoría absoluta que consiguió Mariano Rajoy en 2011. Hasta esas elecciones, entre el PP y el PSOE siempre sumaban más de 300 diputados que, a partir de 2015, han estado rondando los 200. Eso obliga a cambiar la actitud de unos partidos que se habían acostumbrado a gobernar o a liderar la oposición sin tener que pactar nada más que un par de cesiones menores con los independentistas vascos y catalanes.

La izquierda ya ha demostrado que lo ha entendido. Nadie duda de que en cualquier ocasión en la que el PSOE y los partidos a su izquierda tengan la oportunidad de evitar que gobierne el PP, van a llegar inmediatamente a un acuerdo. El centro y la derecha van a tener que aprender a ganar, porque es evidente que aún no saben hacerlo. Las campañas electorales no pueden hacerse peleándote contra aquellos con los que luego vas a tener que pactar, porque eso dificultará los acuerdos posteriores y, lo que es mucho más importante, porque a quien tienes que vencer no es al que luego será tu socio. No te sirve de nada ganar dos escaños si lo haces a costa de que quien luego va a sumar contigo pierda cuatro. Tienes que conseguir movilizar a tu electorado sin desmovilizar al de tus socios, al mismo tiempo que, entre ambos, os centráis en lograr que los que se queden en sus casas sean quienes votan a los verdaderos enemigos políticos de ambos. Es algo tan básico que cuesta entender cómo no lo han asumido aún.

La inmensa mayoría de los votantes del Partido Popular y de Vox tiene claro que sus papeletas deben servir para quitarnos de encima un socialismo sanchista del que estamos todos hasta las narices. Si alguien vota a cualquiera de esos dos partidos y luego comprueba que su voto no ha servido para nada, existen muchísimas posibilidades de que en la siguiente elección se quede en casa y que su abstención acabe beneficiando a Pedro Sánchez. Los de Feijóo y los de Abascal tienen que sentarse alrededor de una mesa de negociación de la que no se levanten hasta haber llegado a un acuerdo y, después, dejar de pelearse entre ellos y centrarse en lo verdaderamente importante: liberar a España del sanchismo.


Publicado el 19/03/2026 en OKDIARIO