Begoña Gómez se ha condenado sola


 

Desde uno de los despachos del presidente, en La Moncloa, Begoña Gómez decía a sus socios de la España Vacía, cuando participaba en su condición de directora de la cátedra de Transformación Social Competitiva que dirigía en la Universidad Complutense: «Buscamos mucha financiación, y sobre todo, que se generen fondos de inversión, bien impulsados por el Gobierno (de su marido) o bien por empresas privadas (agradecidas a su marido)». Unas semanas después de estas palabras, el Gobierno de Pedro Sánchez dotó con 10.000 millones de euros de fondos europeos su Plan de Recuperación para reactivar el mundo rural frente al reto demográfico.

«Es una edición que nos permite llegar a un mercado latinoamericano que hará posible generar nuevas alianzas. Si quieres ser un profesional o una profesional en fundraising, es el momento. ¡Te esperamos!». Así promocionaba la «catedrática» los cursos por los que pedía 2.800 euros a cambio de enseñar a sus alumnos a «captar fondos públicos», de esos que reparte su marido, en el máster sobre Captación de Fondos – Fundraising que impartía en la Universidad Complutense de Madrid.

Begoña Gómez ha sido la única esposa de un presidente del Gobierno que se ha dedicado a los negocios privados durante su presidencia. La mujer de Adolfo Suárez, Amparo Illana, se dedicó a su familia y a actividades filantrópicas de ayuda a los más necesitados. La de Leopoldo Calvo-Sotelo, María del Pilar Ibáñez-Martín y Mellado, tampoco ejerció ninguna actividad. Carmen Romero, mujer de Felipe González, y Ana Botella, esposa de José María Aznar, se dedicaron a la política, como sus maridos. La mujer de José Luis Rodríguez ZapateroSonsoles Espinosa, dejó de dar clases de música, pero continuó cantando como soprano profesional. Y Elvira Fernández, la mujer de Mariano Rajoy, pidió la excedencia en Telefónica cuando su marido fue investido y, desde entonces, se dedicó a su familia. Por el contrario, la mujer de Pedro Sánchez se ha dedicado, con toda su cara dura, a enseñar a sus clientes a acceder al dinero del presupuesto que reparte su marido.

El magistrado Juan Carlos Peinado García, titular de la Sección de Instrucción número 41 del Juzgado de Instrucción de Madrid, acaba de acordar, en un auto de 11 de abril de 2026, la continuación del procedimiento ante el Tribunal del Jurado contra Begoña Gómez, así como contra su asistente, Cristina Álvarez, y el empresario Juan Carlos Barrabés. La mantiene imputada por los delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios en el sector privado, malversación de caudales públicos y apropiación indebida, abriendo un plazo de cinco días a las partes para presentar escritos de conclusiones provisionales de cara al juicio oral. Y todo el ejército de medios de comunicación pagados con los generosos fondos manejados por el Gobierno de coalición socialista-comunista-independentista-golpista-bilduetarra, así como la cuadrilla de opinadores, comentaristas y difamadores de extrema izquierda sanchista, capitaneados por el ministro de (in)Justicia, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, se han lanzado a degüello contra el juez, del que el ministro dice que «se avergüenza».

Begoña Gómez ha sido tan descarada, tan poco inteligente, tan soberbia, tan necesitada de protagonismo y de relumbrón, que el juez solamente necesita poner los vídeos con sus declaraciones que, a lo largo del tiempo, ha publicado OKDIARIO. Resultan absolutamente condenatorios estos vídeos en los que presume de su capacidad para «generar fondos» y en los que alardea de ser capaz de enseñar a «captar fondos públicos», utilizando el despacho del presidente en La Moncloa y asistida por la directora de Programas de la Secretaría General del departamento de Presidencia del Gobierno, que es el cargo que hizo que pusieran en la tarjeta de visita de su amiga Cristina Álvarez, cuando la contrató como asistenta para sus negocietes privados. Poco más se necesita para condenarla. Con sus múltiples y descaradas declaraciones, Begoña Gómez se ha condenado ella sola. Solo falta que un tribunal decida los años de condena.


Publicado el 16/04/2026 en OKDIARIO

Prostitutas, amigas y socialistas de base


 

Por la sala del Tribunal Supremo que está celebrando el juicio contra el exministro José Luis Ábalos, su asesor, Koldo García, y el empresario Víctor de Aldama, por las mordidas en los contratos de mascarillas, están desfilando muchas mujeres, además de hablarse de las «chistorras, lechugas y soles», que es como la trama socialista corrupta llamaba a los billetes de 500, 200 y 100 euros con los que se llenaban los sobres con el logotipo del PSOE en los que el dinero salía de Ferraz; y las bolsas de papel marrón «tipo Zara» en las que el dinero entraba en la sede del PSOE en tacos de billetes.

Mujeres como Carmen Pano y su hija, que llevaban las bolsas con billetes; y mujeres como Patricia Úriz, la expareja de Koldo, que iba a recoger los sobres con dinero. Pero también han declarado mujeres como la examante de Ábalos, Jésica Rodríguez, y la amiga del que era mano derecha de Pedro Sánchez, Claudia Montes, ex Miss Asturias. Además, mañana miércoles está citada otra mujer, la socialista Isabel Pardo de Vera, expresidenta de Adif, empresa en la que estuvo enchufada Jésica Rodríguez, y quien firmó los contratos de compra de mascarillas a la empresa Soluciones de Gestión, de Víctor de Aldama.

A Jésica le preguntó el abogado de Ábalos si era prostituta, a lo que ella contestó que era «odontóloga colegiada», y entonces le repreguntó si antes había ejercido la profesión más antigua del mundo, cosa que también negó aduciendo que lo que había sido era «azafata de imagen». Lo que resulta un poco extraño después de leer las conversaciones en las que Jésica reclamaba a Ábalos unos honorarios que se asemejan a los de una escort de lujo, y que distan muchísimo de lo que cobran las azafatas; y después de ver las «imágenes» con las que se anunciaba por catálogo.

En cualquier caso, y sin personalizar, digamos que a ese segundo grupo de mujeres testigos en el Tribunal Supremo, que se distinguen de las que llevaban o sacaban los billetes de la sede del PSOE, podríamos definirlas a todas ellas como prostitutas, amigas y socialistas de base, que se han lucrado de lo lindo gracias a su cercanía a alguien influyente dentro del partido dirigido por Pedro Sánchez. Jésica Rodríguez, Claudia Montes e Isabel Pardo de Vera se diferencian por su muy distinta tarifa de honorarios, pero poco o nada más. Las tres aparentan ser víctimas inocentes de una trama machista y putera, pero las tres se han lucrado de esa trama sin merecerlo.

El artículo 103.3 de nuestra Constitución establece que la ley debe regular «el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad». Con el análisis de los méritos se debería medir la trayectoria y experiencia profesional, así como los títulos académicos de los candidatos. Y mediante la valoración objetiva de sus capacidades, se debería evaluar su idoneidad y competencia para el puesto público de que se trate. Pero a Jésica, Claudia e Isabel tan solo se les evaluó su cercanía al PSOE y su vinculación con la trama corrupta y mafiosa.

Ser socialista de base, prostituta y/o amiguita del ministro de turno es el único mérito y capacidad que tuvieron que acreditar Jésica Rodríguez, Claudia Montes e Isabel Pardo de Vera para colocarse cada una donde quería. ¡Y no saltó ninguna alarma! Nadie denunció, nadie se extrañó y nadie lo evitó. El ministro Óscar Puente dijo en la comisión del Senado que había «auditado» los procesos de contratación de estas mujeres y que no se había detectado ninguna irregularidad; luego debemos concluir que esta es la forma como se contrata habitualmente en las empresas públicas. El PSOE ha llenado las instituciones de prostitutas, amigas y socialistas de base, de forma que nadie se extraña de Jésica, ni de Claudia, ni de Isabel.


Publicado el 14/04/2026 en OKDIARIO

Pedro Sánchez lo ha podrido todo


 

Unos años antes de que naciera Jesucristo, el poeta latino Horacio dejó escrito en su primer libro de Epístolas: Sincerum est nisi vas, quodcumque infundis, acescit, es decir, que, si un vaso no está limpio, todo lo que viertas en él se corromperá. La corrupción no es otra cosa que podredumbre, putrefacción social y moral. Las bacterias, hongos y mohos se transmiten por contacto directo, favorecido por el calor y la humedad. Un proceso biológico bien documentado ocurre cuando dejas una manzana podrida dentro de un cesto de frutas sanas y todas se echan a perder. Pedro Sánchez venía ya corrompido de casa, así que todo lo que se ha relacionado con él se ha envilecido hasta la náusea, sin más solución que desecharlo para abono.

Hasta que conoció a Begoña a finales de 2003, Pedro Sánchez no era nadie. En mayo de ese mismo año 2003 se había presentado a las elecciones municipales de Madrid en la lista del PSOE encabezada por Trinidad Jiménez, quien posteriormente casaría a Pedro y Begoña. Iba en el puesto 23 de la lista y, como el PSOE sólo consiguió 21 concejales, tuvo que esperar hasta que hubo una vacante en 2004. Pero, a partir de que conoció a Begoña, el joven concejal Pedro Sánchez echó a correr a toda velocidad.

En 2008, Sánchez se presentó a las elecciones generales por Madrid, pero no consiguió su escaño hasta que Pedro Solbes dimitió en 2009. Cuando Rubalcaba dimitió tras los malos resultados del PSOE en las europeas de 2014, Sánchez anunció su candidatura a la Secretaría General, proclamándose ganador. Solo 5 años después de entrar en el Congreso de los Diputados, y a los 11 años de conocer a Begoña Gómez, cuando era un simple concejal de los que rellenaban las listas en las últimas plazas. Y ahora nos cuentan que todo fue gracias al dinero de Sabiniano.

El suegro de Pedro Sánchez, Sabiniano Gómez, ha tenido una clarísima influencia en la carrera política del marido de su hija Begoña. Un hombre que, junto a sus hermanos, hizo fortuna en tiempos de Franco explotando varios negocios de prostitución y saunas gais en los que hay quien dice que se explotaba a menores extranjeros. Ese dinero sucio, manchado del sudor y de las lágrimas de los hombres y mujeres explotados por el suegro de Sánchez en el sucio negocio de la prostitución, favorecido por dirigentes ultraderechistas de entornos franquistas, también sirvió para pagarles la casa al matrimonio Sánchez Gómez; y, según ha contado Koldo, también lo usó para ganar las primarias del PSOE.

Toda la carrera política de Pedro Sánchez estuvo impulsada por su suegro podrido y corrupto, y esa podredumbre ha tardado poco en contaminar todo lo que tocaba. Sentimos náuseas al ver lo podridos que están Ábalos y Koldo, riéndose en el banquillo de los acusados mientras declaran como testigos las mujeres a las que colocaban para que cobraran sin trabajar. Exactamente lo mismo que hacía el hermano de Pedro Sánchez, cobrando de la diputación socialista de Badajoz, sin despacho, sin trabajo, por todo el morro y, encima, viviendo en Portugal para defraudar a Hacienda, con informes periciales de la Agencia Tributaria que lo respaldan. Su esposa, Begoña, pentaimputada por corrupción. Trenes que descarrilan porque el dinero que debía dedicarse a su mantenimiento se ha ido en mordidas y enchufes. Apagones como nunca antes habían ocurrido. Negocios corruptos con las mascarillas del COVID… todo da un asco inaguantable.

Y lo peor es que la podredumbre de Sánchez ha contagiado hasta a unos votantes socialistas a los que parece que todo les da igual mientras no gobierne la derecha. Los votantes del PSOE, en contacto con la putrefacción de Sánchez, se han podrido como él, dan el mismo asco y sirven para lo mismo: el desecho.


Publicado el 09/04/2026 en OKDIARIO