Marlaska siempre miente, como su jefe


 

«No hubo ningún informe, y tendré que utilizar también la palabra aviso, que nada parecido a lo que ha acontecido pudiera pasar. Pero no nada parecido a lo que ha acontecido, nada parecido a lo que sucedió en 2021, cuando entraron de una forma irregular diez mil personas». Con estas palabras negó ayer el ministro Marlaska que el Gobierno de Pedro Sánchez hubiera sido advertido por los servicios de inteligencia del Estado de la invasión que sufrió la ciudad de Ceuta desde el jueves 30 de julio hasta el sábado 1 de agosto, fechas entre las que el propio Marlaska dice que entraron de forma irregular 72.000 personas, las autoridades locales aumentan la cifra hasta las 80.000, más de 100 de los cuales murieron ahogados. Mientras, diversas organizaciones de derechos humanos marroquíes y españolas han informado de que fueron 100.000 las personas que se acercaron a la frontera con intención de cruzar a España. 100.000 invasores y cero informes del CNI.

Ceuta es limítrofe con Castillejos, ciudad costera marroquí de 77.000 habitantes, a unos 31 km al norte de Tetuán, que era la capital del Protectorado español y tiene unos 423.000 habitantes, que, sumados a los de Castillejos, elevan la cifra de habitantes en la zona hasta los 500.000. Uno de cada cinco habitantes de Tetuán y Castillejos juntos, que representan un 150% de la población de la ciudad fronteriza con Ceuta, se puso de acuerdo para acercarse, todos juntos, hasta la frontera con España con la clara intención de traspasarla ilegalmente. Y el 80% de los 100.000 que se juntaron para invadirnos logró su objetivo, porque el Centro Nacional de Inteligencia de España no se enteró de lo que estaba pasando. El CNI tiene un presupuesto anual de 337 millones de euros, de los que casi 20 millones son gastos reservados secretos; su plantilla se estima en más de 3.500 espías, y su función es ser el «máximo asesor» del Gobierno en cuestiones de seguridad nacional e inteligencia. Y no se enteraron de que 100.000 personas se preparaban para invadirnos. Eso quiere Marlaska que nos creamos.


Si Marlaska no estuviera mintiendo, sería un problema de una enorme gravedad. Algo tan preocupante como que el único país con el que tenemos disputas fronterizas y en el que se centran todos nuestros planes de defensa hubiera conseguido acceder a los teléfonos móviles de nuestro presidente, Pedro Sánchez, del propio Marlaska y de la ministra de Defensa, Margarita Robles, entre mayo y junio de 2021, robando casi 10 gigabytes de información, casi todos de Sánchez y Marlaska.

Marlaska ha sido reprobado cuatro veces, dos en el Congreso y otras dos en el Senado. En 2023 el Congreso lo reprobó por haber mentido en sede parlamentaria, así como por su falta de sensibilidad, la ocultación de información y los datos falsos facilitados, en relación con su nefasta gestión de la tragedia de Melilla de junio de 2022, que dejó una veintena de inmigrantes muertos, cinco veces menos de los que han fallecido ahora. En febrero de 2024, el Congreso volvió a reprobar a Marlaska por la muerte de dos guardias civiles en Barbate (Cádiz). Y el Senado lo ha reprobado por este mismo caso de Barbate y por el fallecimiento de otros dos guardias civiles durante la persecución de una narcolancha en Huelva, en mayo de 2026.

Marlaska pasará a la historia por la indignidad con la que trasladó al País Vasco a todos los asesinos etarras para que los de Ajuria Enea los pusieran en la calle. También es el creador del bulo del culo, por el que falsamente acusó a Vox de un delito de odio inventado; la destitución como represalia del coronel Pérez de los Cobos, revocada por el Tribunal Supremo; la fabricación de un falso informe policial para acusar a Ciudadanos de las agresiones que sufrió su delegación durante el desfile del Orgullo; su falsa vinculación de Vox con el lanzamiento de una granada en un centro de menores extranjeros; la disolución de OCON-Sur… La lista es interminable.

Marlaska tiene imputados por la justicia a la actual directora general de la Guardia Civil, Mercedes González; a su antecesor en el cargo, Leonardo Marcos; al actual DAO del instituto armado, Manuel Llamas; al ex DAO de la Policía Nacional, José Ángel González; a una interminable lista de inspectores jefes y mandos antidroga de la Policía, así como a numerosos mandos de la Guardia Civil. Puestos de confianza elegidos personalmente por el ministro Marlaska para dirigir, en su nombre, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, imputados e investigados por la justicia por todo tipo de casos de corrupción, fraude y prevaricación.
Y pese a todo ello, junto a Margarita Robles y el ministro de Agricultura, Luis Planas, Fernando Grande-Marlaska es el ministro que más tiempo ha sobrevivido junto a Pedro Sánchez, desde el primer gobierno que nombró tras la moción de censura. Cuatro reprobaciones, cientos de inmigrantes muertos en las fronteras, varios guardias civiles fallecidos en acto de servicio por falta de medios y toda su cúpula imputada por corrupción no han servido para que se le caiga ni un pelo de la cabeza. Marlaska siempre miente, como su jefe, igual que él fue espiado por Marruecos con Pegasus y, haga lo que haga, no es cesado. Unir por la línea de puntos.

Publicado el 06/08/2026 en OKDIARIO 

100 muertos en la playa mientras Sánchez escucha su ‘playlist’


 

Un niño sirio de apenas 3 años yace inmóvil sobre la arena húmeda de una playa turca, con la cara parcialmente hundida en la tierra y el oleaje rozando suavemente su cuerpo. Viste una camiseta roja de manga corta, pantalón azul y zapatillas deportivas. Murió ahogado junto a su madre y su hermano de 5 años cuando intentaban entrar en la Unión Europea en un sobrecargado bote inflable que naufragó. Es septiembre de 2015 y esta icónica fotografía del niño Aylan Kurdi va a ser difundida masivamente en pocas horas a través de las redes sociales y los medios de comunicación de todo el mundo, conmocionando a la opinión pública internacional, generando intensos debates sobre las políticas migratorias europeas y abriendo a los refugiados de la guerra de Siria las puertas de muchos países, sobre todo de Alemania. La extrema izquierda mundial culpó del asesinato de Aylan a los gobiernos conservadores de Europa y Canadá, y hubo manifestaciones de protesta por todo el mundo.

La imagen del niño Aylan ahogado en la playa está grabada a fuego en nuestros recuerdos. Así que me va a resultar muy sencillo hacer que te imagines los 150 metros de la playa de El Tarajal, en Ceuta, ocupados de punta a punta por los cuerpos de las más de 100 personas que murieron ahogadas la semana pasada cuando formaban parte de los 100.000 inmigrantes ilegales que invadieron Ceuta alentados por las autoridades marroquíes y con el consentimiento de las españolas que, sabiendo lo que iba a ocurrir, decidieron no hacer nada para impedirlo, haciéndose directamente responsables de esos más de 100 muertos, cuyos cadáveres desbordarían por completo la playa. Pero esa imagen no la vamos a ver por el único motivo de que en España gobierna la extrema izquierda.

Ni hay fotografías de los ahogados, ni siquiera se ha dado una cifra oficial de víctimas mortales. El Gobierno de la Ciudad Autónoma de Ceuta, presidido por Juan Jesús Vivas (PP), elevaba ayer lunes a 88 el número de personas que han aparecido muertas en las inmediaciones del espigón fronterizo del Tarajal. Por su parte, el Gobierno marroquí informó el domingo de que ya había recuperado otros 11 cadáveres en sus aguas. Pero el delegado del Gobierno de Pedro Sánchez en la ciudad autónoma, Miguel Ángel Pérez, dijo el domingo que habían sido 72 los fallecidos al lanzarse al mar para cruzar la frontera entre Marruecos y España, un número que no debe ser tomado muy en serio, teniendo en cuenta que el Gobierno cifra en 50.000 las personas que cruzaron la frontera en dirección a España, mientras que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado informaron a la agencia EFE de que el sábado se habían vuelto ya a Marruecos 69.500 inmigrantes, y el domingo hablaban ya de 73.500, muchos más de los que el Gobierno reconoce que habían entrado.

Con todo, lo único seguro es que el número total de víctimas mortales debe elevarse a más de 100 y ni sus fotografías ocupan las portadas de los medios de comunicación, ni se difunden masivamente por las redes sociales, ni hay protestas, ni manifestaciones, ni la más mínima exigencia de responsabilidades, porque gobierna la extrema izquierda. Al contrario, el equipo de opinión sincronizada pagado por el sanchismo se ha coordinado para alabar la excelente gestión que el líder de la secta saunista, de Pedro el Saunas, ha realizado ante una crisis que, de momento, lleva más de 100 víctimas mortales a sus espaldas. Tan vergonzoso como cierto. Un tupido velo de desinformación ha cubierto los cadáveres de esas 100 víctimas mortales que no le interesan a nadie, lo que permite a Pedro Sánchez darse un baño en la playa de su palacio en La Mareta mientras escucha tranquilamente los éxitos musicales de su playlist sin que nadie le moleste. Ni que decir tiene cómo estarían ardiendo hoy las calles de España si aquí no mandara un gobierno de coalición socialista, comunista, independentista y proetarra. Los más de 100 muertos de la playa de Ceuta no tienen ningún responsable, porque los culpables son de izquierdas.


Publicado el 04/08/2026 en OKDIARIO 

Diez años ordenando incumplir la ley en Ceuta y Melilla


 

«Los extranjeros que sean detectados en la línea fronteriza de la demarcación territorial de Ceuta o Melilla mientras intentan superar los elementos de contención fronterizos para cruzar irregularmente la frontera podrán ser rechazados a fin de impedir su entrada ilegal en España». Si uno cierra los ojos al leer esta frase, inevitablemente vendrá a su memoria la imagen de cientos de inmigrantes subsaharianos encaramados durante horas a una altísima valla fronteriza de Ceuta o de Melilla, para evitar ser detenidos por los agentes de la Guardia Civil que los esperaban abajo, quienes posteriormente procedían a entregarlos a las autoridades de Marruecos, ya que no habían logrado llegar a territorio nacional al no superar la segunda valla colocada a unos metros de distancia. Lo intentaban por miles, en ocasiones con extrema violencia, porque los que conseguían superar la segunda valla habían entrado en territorio Schengen, donde pedían asilo y se quedaban.

Precisamente para evitar esas avalanchas, que el Gobierno de Marruecos manejaba a su antojo como medida de presión ante cualquier disputa o negociación con España o con la Unión Europea, en el año 2015, el presidente Mariano Rajoy añadió una disposición adicional décima a la Ley Orgánica 4/2000 sobre derechos y libertades de los extranjeros en España. Dicha disposición adicional, denominada «Régimen especial de Ceuta y Melilla», es el texto con el que hemos empezado este artículo, y en ella únicamente se habla del rechazo en frontera de aquellos que «intentan superar los elementos de contención fronterizos», es decir, las vallas. Un rechazo en frontera cuya legalidad fue avalada en su día por el Tribunal Constitucional precisamente por la claridad con la que dicha disposición adicional hacía mención a los extranjeros que no habían logrado superar dichas vallas y no habían, por tanto, entrado en la Unión Europea.

El tema es tan claro y tan poco susceptible de interpretaciones erróneas, que cuesta creer que, durante más de diez años, los políticos españoles, tanto del PSOE como del PP, pero sobre todo con Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, hayan estado ordenando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado devolver a Marruecos a los inmigrantes que lograban llegar a España a nado, tanto a los interceptados con lanchas en aguas españolas como a los que conseguían pisar la tierra firme de nuestras playas. Habría sido sencillísimo modificar la redacción de la mencionada disposición adicional para que no solo se refiriera a los inmigrantes que intentan superar las vallas, sino a todos los interceptados en la frontera terrestre o marítima, como ahora, con más de diez años de retraso, reclama el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas. O, como alternativa no excluyente, nuestros políticos podrían haber ampliado los elementos de contención mar adentro, hasta hacer prácticamente imposible que fueran superados a nado.

Pero en vez de hacer nada de eso, los políticos españoles, tanto del PSOE como del PP, se han pasado más de diez años ordenando a nuestros agentes de la autoridad incumplir una ley tan sencilla de entender, y ahora se echan las manos a la cabeza, escandalizados, porque dicen que, por culpa de una sentencia del Tribunal Supremo, no pueden seguir devolviendo a Marruecos a los inmigrantes que llegan a nado a Ceuta y Melilla, lo que ha provocado una nueva invasión migratoria que, «casualmente», ha coincidido en el tiempo con el viaje que, hace una semana, realizó Pedro Sánchez a Argelia, país que lleva años en «guerra fría» con Marruecos por el Sáhara Occidental. Cuesta creer que tengamos unos políticos tan mediocres y, por eso, muchos piensan que su nefasta actuación solo puede ser intencionada, porque lo que de verdad pretenden es facilitar la invasión de inmigrantes ilegales en defensa de oscuros intereses. Respecto a las devoluciones en caliente en Ceuta y Melilla, la sentencia del Supremo no ha sido el problema. El problema de España está siempre en nuestros mediocres políticos, que se han pasado diez años ordenando incumplir la ley en Ceuta y Melilla.


Publicado el 30/07/2026 en OKDIARIO