Los votantes exigen que el PP se aleje del PSOE


 

En una convención del Partido Republicano, en 1856, Abraham Lincoln dijo que «una papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil», afirmación que todos comprendemos que es una hipérbole, como ese refrán que dice que «grano no hace granero, pero ayuda al compañero». Uno de los primeros en demostrar que la frase es una exageración literaria fue el propio Lincoln, que murió asesinado por una bala pocos años después, a pesar de lo cual nadie piensa que el decimosexto presidente de los Estados Unidos de América perdiera nunca su fe en la fuerza de los votos.

A pesar de que todas las democracias occidentales han tenido que superar distintas crisis en las que siempre han aparecido movimientos que ponen en duda la validez de nuestros sistemas democráticos, como ocurrió en España el 15-M, tras la crisis financiera de 2008, al final siempre tratamos de creer que aún se pueden cambiar las cosas votando. En aquel momento esta idea la capitalizó perfectamente un mediocre profesor universitario sin plaza, desgreñado, malencarado, con actitudes claramente violentas y machistas, que supo rodearse de un grupo de exaltados como él, quienes, gracias a la financiación de dictaduras de extrema izquierda y regímenes teocráticos que coincidían en el interés de desestabilizar a Occidente, fundaron un partido político que llegó a lograr el 21 % de los votos, una vicepresidencia del Gobierno y hasta cuatro carteras ministeriales más.

¡Sí se puede!, gritaban con el puño comunista sobre sus cabezas. Y claro que pudieron. Pudieron comprarse un casoplón en la sierra de Madrid, con piscina, jardín, servicio doméstico y escoltas. Pudieron matricular a sus retoños en un exclusivo colegio privado. Pudieron llevar a sus colegas de vacaciones pagadas a Times Square y Manhattan. Y pudieron irse deshaciendo uno a uno de todo el grupo de mediocres exaltados que les ayudaron a alcanzar un nivel de vida claramente por encima de sus posibilidades. Hasta que llegó un punto en el que la incoherencia era tan brutalmente indisimulable que los votantes recordaron aquella frase que compara la fuerza del voto con la bala del fusil y decidieron que ya había llegado el momento de mandarlos al güano.

Pero tras la crisis de las hipotecas subprime nos llegó la crisis de la inmigración ilegal, la crisis de la vivienda, la crisis de los trenes que descarrilan y las carreteras con socavones, la crisis de los trabajadores pobres, la crisis de las okupaciones, la crisis de la esposa corrupta, del hermano corrupto, de los secretarios de organización corruptos, de los fiscales corruptos… en definitiva, nos metimos de cabeza en la crisis de un Pedro Sánchez que, además de gafe, se ha demostrado uno de los más incompetentes y sinvergüenzas gobernantes de la historia de España, hasta el punto de que no puede salir a la calle sin que lo rodeen con un ejército de actores para que la gente no le insulte de una forma tan soez como merecida.

Y ante la crisis que deberíamos llamar sanchismo, la ciudadanía, de nuevo, está reaccionando con sus votos. Las urnas se están llenando de papeletas que no solo dicen que ya no queremos más Pedro Sánchez, sino que dejan claro que tampoco queremos nada que tenga ni la menor relación con él. Primero fue María Guardiola en Extremadura la que, como no quería asumir las demandas que Vox le exigía para votar a favor de sus Presupuestos, convocó elecciones para comprobar que los votantes le insisten en que las tiene que aceptar. Y quizá para comprobar si lo que había ocurrido en Extremadura tenía más que ver con la personalidad de la peculiar candidata del PP que con una opinión general, en Aragón imitaron a Guardiola y los votantes aragoneses dijeron exactamente lo mismo que habían dicho antes los extremeños, solo que aún más fuerte.

Los ciudadanos le están diciendo al Partido Popular que se aleje de una vez del PSOE y acepte las peticiones de Vox. Que no queremos que lleguen a más acuerdos con ellos, ni en el Parlamento Europeo, ni para renovar el CGPJ, ni para nombrar a nadie en el Tribunal Constitucional, ni para aprobar ningún proyecto, ni para nada. Las urnas le dicen claramente a Alberto Núñez Feijóo que no debe ir con Pedro Sánchez ni a cobrar una herencia. Se acabó el consenso. Ha llegado el fin del bipartidismo. Ya no puede volver a hacer lo mismo que ha estado haciendo hasta ahora. En Extremadura y en Aragón el PP convocó elecciones para no aceptar lo que pide Vox y los votantes han dicho que lo asuma y se aleje del PSOE. A ver si se enteran.


Publicado el 10/02/2026 en OKDIARIO

Sánchez nos distrae de las muertes de Adamuz

 


Como el presidente del Gobierno reconoció ante su Comité Federal, al que dijo que pensaba gobernar «con, o sin concurso del poder legislativo», lo único que hoy le interesa a Pedro Sánchez es seguir aguantando como hasta ahora, aunque sea sin Presupuestos. Incluso a costa de no poder aprobar ninguna ley sin tener que ceder a la vez ante los chantajes de toda la gentuza, de izquierdas y de derechas, que le permitió ser investido en 2023, tras perder las elecciones generales. Y para aguantar, en este momento, le resulta fundamental quitarse de encima los cadáveres de las 46 víctimas mortales del accidente ferroviario de Adamuz, que todo apunta a que murieron por fallos en el mantenimiento de unas vías que, desde hace más de dos años, dependen directamente del ministro Óscar Puente, y antes del encarcelado José Luis Ábalos, su compañero en el Peugeot 407. En ese coche, Sánchez y Ábalos viajaban junto al también encarcelado Koldo y al imputado Santos Cerdán, componiendo todos ellos la llamada «Banda del Peugeot», vinculada a todos los casos de corrupción que afectan a Adif, responsable del mantenimiento de las vías. ¡Menudo marrón!

Pero si algo ha demostrado sobradamente Pedro Sánchez es que es un especialista en supervivencia, y no solo porque le pusiera ese nombre a las memorias que encargó que le escribieran. Sánchez fue capaz de sobreponerse a un partido que le obligó a dimitir la primera vez que quiso pactar con comunistas y proetarras. Ha sobrevivido a la imagen de su esposa y de su hermano sentados en el banquillo de los acusados, imputados por tráfico de influencias, prevaricación y corrupción. E incluso ha podido resistir la información que demuestra que se lucró de los negocios de prostitución de su suegro y las más que fundadas sospechas de que su carrera política se inició impulsada por los audios que se grabaron en dichos lupanares.

El protagonista del Manual de Resistencia no va a dejar ahora que las sospechas de que esas 46 muertes se podrían haber evitado si los ministerios y las empresas públicas que dependen de él no se hubieran dedicado a pagar prostitutas para el uso y disfrute de su mano derecha, a liquidar mordidas a empresas de la trama mafiosa y a enchufar a todo tipo de incapaces con carné del partido socialista en puestos para los que no tienen la más mínima cualificación. Así que, sin despeinarse, ha empezado a meter ruido, tocando la flauta y, como en Hamelín, todos los niños hemos empezado a seguirle el cuento sin percibir el ardid. De repente estamos todos hablando de los millones de inmigrantes ilegales que van a alterar el resultado de las próximas elecciones, votando en masa a la extrema izquierda. Y sin darnos respiro, Sánchez el flautista ha cambiado su cancioncilla y nos ha puesto a todos a alucinar con sus batallas dialécticas contra los dueños de X (antes Twitter) y de Telegram, a los que amenaza con meter en la cárcel si no se someten a sus dictados.

Confieso que yo también me he despistado y, por un momento, he bailado la música que el flautista Sánchez tocaba. Reconozco mi culpa, pago la penitencia y me propongo enmendar enseguida mi error. No. Pedro Sánchez no cuenta con los votos necesarios para que el Parlamento le apruebe ninguna reforma que afecte al uso de las redes sociales ni para menores de 16 años ni para adultos. No. Como el portavoz de la Comisión Europea para estos asuntos, Thomas Regnier, ya le ha advertido, ni aunque tuviera votos para hacerlo, las amenazas penales contra los directivos de dichas compañías son otro cuento chino, porque esa materia solamente se regula desde Bruselas. No. Las regularizaciones que anuncia Sánchez no pueden llevarse a cabo en los plazos que él dice, porque administrativamente es materialmente imposible. No. Los inmigrantes regularizados que consigan la nacionalidad no van a votar en masa a la extrema izquierda, porque ellos, mejor que nadie, saben que son quienes resultan más perjudicados por sus políticas de izquierdas cuando ya sean españoles. Nos ha engañado como si fuéramos niños chicos. Sánchez intenta desviar la atención de lo único que ahora le preocupa: que las familias de los 46 fallecidos en el accidente de Adamuz han empezado a llamarle asesino.


Publicado el 05/02/2026 en OKDIARIO

El Gran Reemplazo era un bulo nazi

 


Si consultas la prensa woke, llegarás a la conclusión de que el «Gran Reemplazo» no es más que un bulo de la ultraderecha. Cuando pasees por los barrios de tu ciudad o veas imágenes de las grandes capitales europeas, te darás cuenta de que las personas que las habitan han cambiado sustancialmente en muy pocos años. Verás que el porcentaje de la población con la que te cruzas que proviene de países árabes, bereberes, subsaharianos, orientales e hispanoamericanos ha crecido notablemente. En algunos medios de comunicación verás noticias respecto al aumento en determinados tipos de delitos cometidos principalmente por extranjeros. Pero te convencerás de que todo eso que ven tus ojos es falso de toda falsedad, porque el «Gran Reemplazo» no es más que una teoría conspiranoica de nazis y fachas.

La mega ultra extrema derecha dice que las poblaciones blancas y cristianas de Europa están siendo reemplazadas deliberadamente por inmigrantes no europeos, sobre todo de África, Oriente Medio o Asia, muchos de ellos musulmanes. Dicen los nazis que hay un plan secreto impulsado por élites políticas globalistas que fomentan la inmigración masiva y el aumento de nacimientos entre estos grupos para destruir la cultura, la identidad y el poder de la población autóctona europea, que en unos años acabará siendo minoría. El término lo popularizó el escritor francés Renaud Camus en 2011 con su libro Le Grand Remplacement, tachado de racista y xenófobo. No puedes hacer caso a lo que tus ojos ven y tus oídos escuchan. Debes confiar en lo que te aseguran todos los expertos wokes y los moderaditos de centro: el Gran Reemplazo no es más que el miedo a perder la identidad europea blanca y judeocristiana por cambios demográficos, que los fachas ven como una amenaza intencionada en lugar de darse cuenta de que se trata de un proceso natural y enriquecedor.

Todo este castillo de naipes se sostenía perfectamente hasta que el pasado 22 de enero, en un mitin de la ultra izquierdista Francia Insumisa, su líder, el extremista Jean-Luc Mélenchon habló de «la capacidad de nuestras listas para encarnar la nueva Francia, la del Gran Reemplazo, la de la generación que reemplaza a la otra porque así ha sido desde la noche de los tiempos y no porque haya diez locos en un rincón que de repente tienen miedo de ser reemplazados». Mélenchon decidió que había llegado el momento de ser claros, quizá porque el fenómeno ha llegado tan lejos y es tan evidente que resulta ridículo seguir negándolo y ya es hora de empezar a justificarlo.

Unos días más tarde, el 31 de enero, en un mitin en Zaragoza, la secretaria de Política de Podemos, Irene Montero, completamente desquiciada, se atrevió a ir un paso más allá y dijo que «quiero pedirles a las personas migrantes y racializadas que por favor no nos dejen solas con tanto facha, y claro que sí queremos que voten, claro que sí, les hemos conseguido papeles, regularización ya, y ahora vamos a por la nacionalidad o a cambiar la ley para que puedan votar, por supuesto, ojalá teoría del reemplazo, ojalá podamos barrer de fachas y de racistas este país con gente migrante, con gente trabajadora, claro que yo quiero que haya reemplazo, reemplazo de fachas, reemplazo de racistas, reemplazo de vividores y que lo podamos hacer con la gente trabajadora de este país, tenga el color de la piel que tenga, sea china, negra o marrona (sic)». Sin pelos en la lengua, Irene Montero confesó que la regularización que le ha sacado Podemos a Pedro Sánchez pretende reemplazar a unos votantes que cada vez les votan menos, por otros nuevos que sí les voten.

Según un estudio reciente de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), con Pedro Sánchez, el número de inmigrantes en situación irregular en España habría aumentado de 107.000 en 2017 a 840.000 a 1 de enero de 2025, y de ellos, el 91 % son de nacionalidad americana. Nuestro Código Civil, en su artículo 22, establece que se concederá la nacionalidad española, y por tanto el derecho al voto, tras 10 años de residencia, que se reducen a 5 para los refugiados y a 2 años «cuando se trate de nacionales de origen de países iberoamericanos», como es el caso del 91 % de los más de 800.000 migrantes que se van a regularizar ahora. Otros 700.000 nuevos votantes que se sumarán a los cerca de 1,4 millones que han sido nacionalizados por Pedro Sánchez desde 2018, con lo que, para las próximas elecciones generales, puede haber más de 2 millones de votantes que hayan sido nacionalizados por Sánchez, lo que supondrá cerca de un 10 % de la participación… y creciendo.

El Gran Reemplazo era un bulo nazi. Nadie intenta acabar con la moral y con la cultura europeas. Nadie trata de sustituir a los votantes de centro y de derechas por unos nuevos que estén agradecidos a los partidos que, desde la extrema izquierda, les dan papeles y paguitas, y les permiten okupar impunemente las casas de los españoles. El Gran Reemplazo era una teoría conspiranoica hasta que, de repente, nos quitan la venda de los ojos y comprobamos que nos han estado engañando durante tantos años, por puro egoísmo y maldad.


Publicado el 03/02/2026 en OKDIARIO