La vuelta al cole armados en una ciudad invadida


 

Lo típico: el uniforme, los libros, una mochila nueva, libretas, lápices, un estuche, la agenda… y el espray de pimienta. Para esto último, los padres de Ceuta deberán haber sido muy previsores dado que, en las armerías de la ciudad autónoma, esa arma de autodefensa está agotada desde hace semanas y se vende con listas de espera, así que habrán tenido que comprar por internet un modelo homologado en un establecimiento autorizado. Ellos ya saben perfectamente que las leyes españolas prohíben que los menores de edad lo compren y lo porten y que se exponen a sanciones que van desde los 601 euros hasta los 30.000, según la graduación que decida la Delegación del Gobierno sanchista. Es posible que algunos se arriesguen a tener que pagar la multa si es la única forma de evitar que su hija o su hijo sea víctima de una violación, pero la inmensa mayoría han adquirido este nuevo material escolar para portarlo ellos mientras escoltan a sus hijos a la entrada y a la salida de sus colegios.

Los barrios de Ceuta se han convertido en algo parecido al Lejano Oeste, así que no se puede andar por ellos desarmado. Mucho menos se puede dejar que los niños vayan y vengan solos de sus colegios ni de sus actividades extraescolares. El Gobierno dice que ha puesto a un vigilante de seguridad en cada centro escolar, independientemente de su tamaño, y que las calles estarán aseguradas por un ejército al que obligan a patrullar desarmado. Pero los ceutíes saben que sus 12.870 niños escolarizados en los distintos niveles del sistema educativo no pueden ir solos por unas calles que han sido ocupadas por más de 20.000 invasores, como demostró OKDIARIO. 

Junto a la Escuela Infantil Nuestra Señora de África, en la barriada de Los Rosales, a la que deberían asistir 176 niños de entre 0 y 3 años, el Gobierno ha montado un campamento para alojar a miles de invasores. No es un caso aislado. Además de los que pretende meter en el puerto, han montado campamentos en Loma Colmenar, en los terrenos de La Hípica y en el polígono industrial del Tarajal. En todos esos barrios hay colegios a los que llevar y de los que traer niños rodeados de invasores. Y luego confiar en que un único vigilante de seguridad privada va a ser suficiente para proteger los miles de metros cuadrados donde permanecerán cientos de niños a su cuidado durante seis horas cada día. Mucha confianza parece esa para unos padres que ven con sus propios ojos, sin necesidad de que nadie se lo cuente, cómo la violencia y las agresiones sexuales se han convertido en la nueva normalidad de las calles de Ceuta.

Si el trabajo se lo permite, o si tienen abuelos con los que dejarlos, muchos padres han preferido dejar a sus hijos en casa y no arriesgarse hasta ver cómo evoluciona la situación. Por eso hoy la asistencia ha sido muy inferior a la habitual en el primer día de curso, hasta el punto de que la ministra de Educación, Milagros Tolón, ha reconocido en una entrevista en la Cadena Ser que «algunos centros están funcionando perfectamente, otros menos», negándose a dar más datos. El Gobierno pretende que los niños de Ceuta vuelvan cuanto antes a su rutina, para así tratar de aparentar que la ciudad autónoma ha vuelto a una normalidad que se caracteriza por el hecho de que los padres que pueden dejar a sus hijos en casa no los están llevando a los colegios, y los que no tienen más remedio que llevarlos lo hacen cargando con sus mochilas al hombro y apretando con fuerza el bote de espray de pimienta que tienen que llevar escondido en su bolsillo. La vuelta al cole en una ciudad invadida obliga a que los padres vayan armados para proteger a sus hijos.


Publicado el 08/09/2026 en OKDIARIO

Embajador de Marruecos en España


 

Hoy Pedro Sánchez, en su comparecencia en el Congreso de los Diputados en la que tenía que informar sobre la gestión de su Gobierno en relación con la invasión que viene sufriendo Ceuta desde el pasado día 30 de julio, se ha dignado a informar a la ciudadanía a la que preside de que, hace dos semanas, el pasado 21 de agosto, su Gobierno convocó a la embajadora formal de Marruecos en España, Karima Benyaich, para protestar por las declaraciones públicas efectuadas días antes por dos ministros marroquís, el de Justicia, Abdellatif Ouahbi, y el de Asuntos Islámicos, Ahmed Tufiq, en las que habían reivindicado los «derechos históricos y geográficos» de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, hablando también de una «lucha sagrada para liberar las ciudades ocupadas». Ambas declaraciones fueron públicas. La protesta del Gobierno español fue privada y secreta y solo nos hemos enterado medio mes después, cuando a Sánchez le ha convenido.

Convocar a un embajador extranjero para comunicar una discrepancia es, por un lado, una medida protocolaria que sirve para tratar de reconducir la relación entre ambos países y para advertir de las consecuencias que tendría la persistencia en esas acciones que se consideran inaceptables. Pero también debe ser un instrumento que sirva para mostrar públicamente, tanto ante la ciudadanía propia, como ante los aliados y la opinión pública de ese país extranjero, que el Gobierno ha reaccionado y ha dejado claro los efectos que tendría mantener esa actitud que se rechaza tajantemente. En este caso, Pedro Sánchez ha demostrado que él prefería que las opiniones públicas tanto de España como de Marruecos, no se enterasen de ese rechazo que, en lugar de incidente diplomático quizá debería calificarse mejor como insignificante malentendido que convenía aclarar sin hacer demasiado ruido ni molestar mucho a su majestad el rey Mohamed VI, comendador de los creyentes, que Alá le asista.

Una hora y diez minutos se ha pasado Pedro Sánchez en la tribuna del Congreso, aburriendo a las ovejas y haciendo bostezar hasta a sus propios diputados. Y casi el noventa por ciento de su intervención ha sido para repetir una y otra vez que él no sabía nada. Casi una hora completa ha dedicado el presidente del Gobierno en insistir en que nadie, ni la policía, ni el ejército, ni nuestros servicios secretos, le contaron a él que uno de cada cinco habitantes de Tetuán (capital del Protectorado español que tiene unos 423.000 habitantes a unos 30 km de Ceuta) y Castillejos (ciudad costera marroquí limítrofe con Ceuta, de 77.000 habitantes), se habían puesto de acuerdo para acercarse, todos juntos, hasta la frontera con España con la clara intención de traspasarla ilegalmente. Más de 100.000 personas se juntaron en la frontera y más de 80.000 lograron cruzarla, sin que nadie advirtiera a Pedro Sánchez. Eso es lo que pretende que nos creamos y a eso ha dedicado su soporífera intervención en el Congreso.

Los jueces prevarican contra él y su familia. La policía actúa a sus espaldas y le oculta información vital. La prensa confabula contra él fabricando bulos. Rusia, Israel, Elon Musk y la internacional ultraderechista, le tienen manía. Todo eso quiere que nos traguemos sin masticar. Pedro Sánchez solamente tiene un «socio absolutamente fiable», «aliado imprescindible», «vecino amigo» y «colaborador ejemplar y leal», el rey Mohamed VI de Marruecos, el del software espía Pegasus. Ese por el que hemos perdido a nuestro principal suministrador de gas natural, Argelia, con quien nos hemos enfrentado al entregarle el Sáhara a Marruecos sin contar con nadie. El país cuyos gendarmes nos envían a 100.000 invasores al mismo tiempo que sus ministros reivindican nuestras ciudades. No tiene ningún sentido que Pedro Sánchez convoque en secreto a la embajadora de Marruecos en España, es más, el vecino magrebí no necesita tener ningún diplomático en nuestro país, porque Pedro Sánchez ya ejerce como el mejor embajador de Marruecos en España.


Publicado el 03/09/2026 en OKDIARIO

Ceuta será la tumba del saunismo


 

Con la del pasado lunes, son ya 19 las veces que, desde que es presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, alias el Saunas por parte de su suegro, ha ido a recibir un masaje con final feliz a la Cadena Ser. 17 de esas sesiones de relajación fueron matutinas, en el programa Hoy por Hoy que, hasta este verano, dirigía, como diría José Luis López Vázquez, su admiradora, su sierva, su esclava, Àngels Barceló, que ha sido sustituida brillantemente, entiéndase la ironía, por un no menos sumiso Aimar Bretos. 19 es un número que no nos dice nada si no lo comparamos con algo. Por ejemplo, la Ser es una cadena de radio comercial privada y si lo comparamos en ese ámbito, con la COPE, que es la segunda en audiencia, no ha ido ni una sola vez, y a Onda Cero, que es la tercera, solamente cuatro veces. A la radio y a la televisión públicas habrá ido la mitad de veces que a la SER, y en El País, del mismo Grupo Prisa, habrá concedido unas 10 entrevistas.

Con esta avalancha de datos quiero decir que, cuando el Saunas quiere relajarse, acude al programa de radio en el que fue masajeado este lunes. Allí se tumba en la camilla, se deja mimar y disfruta sabiendo que nadie le va a repreguntar cuando quiera escabullirse de algún tema que le incomode, ni le van a decir nada cuando suelte las trolas esas que a él tanto le gusta soltar, como eso de que el Rey Felipe VI «lleva reinando más de 20 años», cuando, en realidad, son poco más de la mitad, dos terceras partes de los cuales han coincidido con su presidencia del Gobierno. Tampoco nadie se ríe en la Cadena Ser cuando, hablando del Rey, pregunta «¿cuántas veces ha ido a Ceuta?», ocultando que ninguna visita oficial de nuestro monarca puede realizarse sin el beneplácito del Gobierno.

No obstante, a pesar de encontrarse en un ambiente tan favorable y agradable para él, y aunque Sánchez acaba de alcanzar un récord mundial de vacaciones estivales bajo una enorme crisis internacional, permaneciendo 27 días seguidos relajándose al sol en la Residencia Real de La Mareta, en Lanzarote, atendido por un servicio uniformado, rodeado de sus amigos más íntimos y sus familiares más cercanos; a pesar de todo eso, digo, hemos visto al Saunas completamente desquiciado, absolutamente ido, totalmente alejado de la realidad. Muy moreno y muy delgado, eso sí, pero trastornado como nunca antes, sin ningún control ni sobre sus gestos ni sobre lo que dice. Definitivamente desequilibrado y desbordado por unas circunstancias que, claramente, no controla. La situación se le ha ido de las manos y no sabe qué hacer para recuperar el control.

Ya solo habla para cuñados. Es cierto que, por mucho que nos abochorne reconocerlo, todas las encuestas dicen que a su PSOE corrupto, ineficaz, traidor y desvergonzado aún le va a votar uno de cada cuatro vecinos nuestros, nuevos nacionalizados incluidos. Pero, restando el voto cautivo de los que, de una forma u otra, cobran del partido y defienden sus carguitos y sus paguitas, a Pedro Sánchez ya solamente le votan señoras mayores con el pelo teñido de morado y mucho más rencor social que cultura, a las que les puede decir eso de que «tengo derecho a descansar» mientras nuestro vecino nos invade, que ellas aplaudirán con las orejas mientras llaman fachas a todos los que las rodean. Sánchez sabe que entre Marruecos y la Unión Europea no le van a dejar hacer nada para solucionar la invasión de Ceuta. Unos no le permiten expulsarlos y los otros no le permiten traerlos a la península. Ceuta será la tumba del saunismo. La invasión que no puede solucionar acabará con Pedro Sánchez; él ya lo sabe y, por eso, ahora es más peligroso que nunca.


Publicado el 01/09/2026 en OKDIARIO